Telmex y Televisa, De la Sociedad a la Disputa

Fragmento del Capítulo 3 del libro “El Sexenio de Televisa”, Ed. Grijalbo 2010.

Para entender la historia de las relaciones tormentosas entre Telmex y Televisa durante los últimos cinco años, les ofrecemos un fragmento del libro de mi autoría. La segunda parte la subiremos este domingo 20 de febrero.

Jenaro Villamil

Durante la mañana del 3 de febrero de 2006, Emilio Azcárraga Jean convocó a sus principales ejecutivos, incluyendo a su grupo más cercano conocido como “los Cuatro Fantásticos” para sostener un encuentro privado con el magnate Carlos Slim, figura determinante en los últimos años para el saneamiento de las finanzas de Televisa.

El principal accionista de Telmex jugó un papel importante a partir de su participación en el Fideicomiso de Control de Televicentro, el mecanismo bursátil creado para controlar las principales las acciones de la empresa mediática. Hasta el 31 de mayo de 2006, ese Fideicomiso tuvo el 16.78 por ciento del control de la compañía y sus subsidiarias, frente al 83.22 por ciento disperso entre otros accionistas y el 65 por ciento que se cotizaba en el mercado bursátil mexicano y norteamericano, principalmente.

Slim les reprochó a Azcárraga Jean y a sus “cuatro fantásticos” la mala calidad de la programación de Televisa, los problemas de credibilidad en los noticiarios y la disminución de audiencias en algunos de los más importantes melodramas de la empresa.

-Están haciendo telebasura – se quejó el principal accionista de Telmex y de Telcel.

Azcárraga Jean tomó la palabra. Le agradeció al empresario su participación en el rescate financiero de Televisa, pero respondió así a las acusaciones de Slim:

-Mire ingeniero, Nosotros ya le pagamos puntualmente el préstamo… Quienes deciden lo que se hace en los contenidos de Televisa somos nosotros.

La frase marcó la última etapa del desencuentro entre Azcárraga Jean y quien se convirtió desde 1999 en el segundo accionista más importante de Televisa. Slim compró las acciones que tenían la familia Alemán y los Diez Barros y que sumaron el 24 por ciento de las acciones de Televicentro. El objetivo era apoyar al joven heredero del imperio para enfrentar los múltiples desafíos financieros y las intrigas de sus parientes, socios de su padre y hasta de la última esposa legal de El Tigre, Paula Cussi.

La presencia de Slim en la empresa controladora, Televicentro, le permitió a Azcárraga Jean tener el 51 por ciento de las acciones, mientras su primo, Alejandro Burillo Azcárraga se quedó con el 25 por ciento. Años después estas acciones fueron vendidas y buena parte las adquirió la empresaria María Asunción Aramburuzabala, la heredera del imperio del Grupo Modelo, junto con sus parientes Lucrecia Aramburuzabala, María de las Nieves Fernández, Antonio Fernández Rodríguez y Carlos  Fernández.

Antes de aquel desencuentro personal, el presidente de Grupo Carso y la jefa del Grupo Modelo formaron el llamado Fideicomiso de Control que se convirtió en un complejo mecanismo de reingeniería financiera para respaldar al nuevo liderazgo de Azcárraga Jean. Este fideicomiso se integró de la siguiente manera:

-Fideicomiso Azcárraga, de Emilio Azcárraga Jean, que tuvo el 55.3 por ciento de Televicentro.

-Fideicomiso Inbursa, formado por Promotora Inbursa S.A. de C.V., cuyo beneficiario fue Telmex, y llegó a tener el 24.7 por  ciento de Televicentro.

-Fideicomiso Inversionista, constituido por la familia Aramburuzabala y Fernández, que concentró el 20 por ciento restante de Televicentro.

Este grupo de accionistas no cotizaban en la bolsa de valores. Televisa desde 1990 es una empresa pública, cuyas acciones mayoritarias se cotizan en el mercado bursátil. De 2002 a 2010 Televisa pasó del 60 al 74.4 por ciento de su conformación como empresa que cotiza en la bolsa mexicana y de Estados Unidos y, por tanto, debe rendir informes a sus accionistas minoritarios sobre los movimientos más importantes del corporativo y sus subsidiarias.

Ese Fideicomiso de Control estuvo fuera de la fiscalización de las autoridades bursátiles. Formó parte de un acuerdo de mutuo beneficio para todas las partes. En abril de 2004 Televisa anunció  su plan de recapitalización y política de dividendos, eliminando la opción de venta a favor de los tenedores de las acciones de Televicentro.

Este plan modificó el mecanismo bursátil conocido como put option para que tanto el Fideicomiso Inbursa como el Fideicomiso Inversionista pudieran vender sus acciones al propio Emilio Azcárraga Jean si en julio de 2005 no existía liquidez en las mismas. Los tres grupos acordaron un calendario bajo el cual se comprometían a no vender su parte accionaria antes del 1 de julio de 2009. Los Slim convinieron, además, mantener al menos la tercera parte de su participación en el fideicomiso hasta el 1 de julio de 2009.

Los dos principales colaboradores de Azcárraga, sus vicepresidentes Alfonso de Angoitia y Bernardo Gómez eliminaron el mecanismo de put option. La ventaja planteada era que tanto Slim como Aramburuzabala podían intercambiar su participación en Televicentro por certificados de participación ordinaria (CPO’s), títulos de mayor valor, mientras Azcárraga Jean recibía más acciones de la serie “A” y, por tanto, podía tener mayoría en el Consejo de Administración de Televisa.

La operación significó eliminar la tutela de los dos grandes empresarios que ayudaron a recapitalizar a Televicentro. En el fondo, también representó una reconfiguración que adelantaba los siguientes escenarios: el distanciamiento de Slim y el ascenso de Roberto Hernández como segundo accionista en importancia dentro de la compañía.

Slim pasó de tener casi el 25 por ciento del control de las acciones de mayor valor en Televisa a menos de 2 por ciento; mientras que Aramburuzabala vendió sus acciones y buena parte fueron adquiridas por Roberto Hernández por 180 millones de dólares, en diciembre de 2006, unas semanas después del inicio del sexenio de Felipe Calderón.

Desde la primavera de 2006, en pleno proceso de sucesión presidencial, Televisa y Telmex pasaron de una sociedad de mutuo beneficio a una creciente rivalidad, de la admiración a las acusaciones mutuas por prácticas monopólicas, de la tregua a una guerra ya no tan soterrada en 2010 por el control del mercado del triple play.

En medio de ese distanciamiento, Azcárraga Jean perdió una vieja aspiración de la dinastía que ha dominado en Televisa: hacerse del control del mercado televisivo de habla hispana en Estados Unidos, a través de Univisión. La rivalidad entre Azcárraga Jean y su socio norteamericano Joe Perencchio, accionista mayoritario de Univisión, se agudizó en febrero de 2005. El nombramiento de Ray Rodríguez, hombre de todas las confianzas de Perenccio, como director y presidente ejecutivo de Univisión molestó a Azácarraga Jean. El quería que esa posición la tuviera Bernardo Gómez.

La insistencia de Azcárraga Jean en nombrar a Gómez como su hombre fuerte en Estados Unidos generó un claro impacto bursátil. A raíz del conflicto con Perencchio, las acciones de Univisión, que hasta antes de febrero de 2005 comportaban un crecimiento sostenido de 50 a 60 dólares, se desplomaron hasta los 26 dólares, en mayo de 2005 y apenas subieron poco más de 30 dólares, un año después.

Entre los conocedores de esa situación, se comenzó a conocer esta disputa como “el riesgo Bernardo Gómez”. La situación se agravó cuando en mayo de 2005 Emilio Azcárraga Jean y Alfonso de Angoitia renunciaron a sus cargos en el Consejo de Univisión. Simultáneamente, Azcárraga demandó a Perencchio en una corte de California por al menos 1.5 millones de dólares por supuesta violación de contrato en relación con el pago de regalías y derechos  por espectáculos, telenovelas y transmisiones deportivas que Televisa provee a Univisión.

La jugada no era casual. Televisa sabía que sin los contenidos audiovisuales producidos en México, Univisión no tendría competitividad entre las audiencias hispanas. Más de un 50 por ciento del rating de esta cadena dependía de las telenovelas, los espectáculos musicales, los deportes y los programas de la farándula que proveía Televisa.

Sin embargo, poco se documentó que en el proceso de ruptura entre Televisa y Univisión, Carlos Slim jugó un papel clave. El 23 de abril de 2006, en vísperas de que iniciara el proceso de venta de Univisión, The New York Times publicó que la compra de Carlos Slim Domit, hijo del magnate mexicano, de 2.8 por ciento de las acciones de Univisión podría generar un “conflicto de interés”.

El rotativo explicó que Slim podría tener información privilegiada del valor de las acciones de Univisión –que oscilaban en ese momento entre 30 y 33 dólares-, al ser miembro del Consejo de Administración de Televisa.

El reporte de Andrew Ross Sorkin apuntó:

“En principio, Slim es miembro de la dirección de Grupo Televisa, el cual provee la mayoría de la programación de Univisión. Nadie lo ha acusado de quebrar alguna de las leyes, sin embargo, él tiene acceso a información no pública sobre la operación de venta de Univisión, a raíz de su relación con Televisa, que es dueña del 10 por ciento de Univisión y tiene un asiento en la junta directiva de la compañía…

“Cada vez más inquieta el hecho de que Slim tiene ahora una posición en la compra de Univisión por parte de Televisa y él podría obtener un beneficio personal de ella. Esto podría ser también en sentido inverso: si Televisa no hace su oferta –o pretende aventarse de un jalón a la subasta- esto podría dañar su inversión en Univisión”.

En otras palabras, la zancadilla de Slim era por partida doble: o bien sacaba ventajas de la operación de venta de Univisión, generando malestar entre los despachos financieros y las autoridades bursátiles de Estados Unidos, o bien obstaculizaba con esa maniobra la compra más ambiciosa de Azcárraga Jean.

Televisa perdió finalmente, en mayo de 2006, su ambicioso proyecto de tener el control de Univisión, la joya de la corona de las sociedades heredadas por Emilio El Tigre Azcárraga. Y esto coincidió con el inicio de la guerra soterrada que han mantenido Telmex y Televisa por el mercado del triple  play.

La reconfiguración accionaria de Televisa provocó también un cambio sustancial en el Consejo de Administración y una concentración mayor de decisiones en la figura de Emilio Azcárraga Jean.

La alta concentración de responsabilidades en El Tigrillo es una demostración de cómo la tercera generación de los Azcárraga al frente de la empresa eliminó cualquier sombra de “poder tras el trono”.

Entre 2009 y 2010 los cambios en la configuración accionaria de Televisa se pueden sintetizar así:

-Bolsa y otros pasaron del 65.4 por ciento al 74.4 por ciento.

-Fideicomiso Azcárraga se incrementó ligeramente de 15.3 a 15.5 por ciento.

-Cascade Investment, el fondo de inversiones del magnate estadounidense Bill Gates, paso de 3.6 a 5 por ciento.

-Dodge and Cox, un fondo de inversiones que en 2008 adquirió acciones en General Motors, Ford, Liberty Media y EchoStar, ingresó en 2009 con 5.4 por ciento y mantiene en 2010 un 5.2 por ciento de las acciones.

-El Fideicomiso Inbursa tenía en 2009 el 2.2 por ciento y en junio del mismo año se redujo a menos de 1 por ciento. Esto le permitió a Emilio Azcárraga Jean nombrar a 11 de los 20 miembros del Consejo de Administración.

La Disputa por el Triple Play

La noche del 4 de septiembre de 2006, horas antes de que el Tribunal Federal Electoral declarara la validez de las elecciones presidenciales del 2 de julio, Carlos Slim sostuvo una reunión privada con Felipe Calderón. Fue el primero de varios desencuentros entre el empresario y el presidente de la República.

Slim le advirtió que si su gobierno le impedía ingresar al mercado de la televisión restringida para dar servicios de audio, video e internet (el triple play), el Grupo Carso estaba dispuesto a retirar sus inversiones en México y trasladarlas a otros países de América Latina donde Telmex Internacional y América Móvil, sus dos principales subsidiarias en el continente, ya habían hecho inversiones importantes.

A cambio de la autorización del nuevo gobierno panista, Slim retiraba su apoyo al ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador. Y dio muestras de su disposición. Slim criticó el plantón de protesta poselectoral en la avenida Reforma de la Ciudad de México. “Kafkiano” fue el adjetivo que utilizó el dueño de Telmex, marcando su distanciamiento del ex candidato de la coalición Por el Bien de Todos.

El enojo del entonces tercer hombre más rico del mundo con el gobierno panista no era para menos. Para Slim existe un “trato desigual” de las autoridades federales: mientras a Televisa se le preparaba el terreno para ingresar al mercado de las telecomunicaciones con la Ley Televisa impulsada en las cámaras del Congreso, a Telmex se le condicionaba el cambio de su título de concesión al cumplimiento de una serie de reglas que quedaron establecidas en el Acuerdo de Convergencia, impulsado por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

El mismo 4 de septiembre de 2006, el todavía secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, le envió a su contraparte de la SCT, Pedro Cerisola, un extenso documento que cuestionaba la intención de cambiar el título de concesión de Telmex.

Gil Díaz, vinculado a Roberto Hernández, el viejo adversario de Slim, argumentó que Telmex debía pagar una contraprestación a la Secretaría de Hacienda equivalente al monto suficiente entre el precio original con los compró los títulos de la empresa telefónica paraestatal en 1990 y los beneficios que pretendía recibir al entrar al mercado del triple play.

En su oficio, Gil Díaz estipuló que el título de concesión de Telmex “sólo podría modificarse en los casos que expresamente se señalan en el texto mismo de la concesión”.

En su respuesta a la Secretaría de Hacienda, Pedro Cerisola argumentó que las cláusulas 1.9 y 2.2 del título de concesión de Telmex que le prohíben a esta empresa ofrecer servicios de video y audio en televisión restringida “es un derecho a favor de las compradoras (de 1990) y no una restricción para las mismas”. Cerisola era la contraparte de Gil Díaz en el gabinete de Vicente Fox, ya que el titular de la SCT estaba vinculado a los intereses de Slim.

Paradójicamente, aquel candado “anti Tigre”, en clara referencia a Emilio Azcárraga Milmo, se convirtió en la clave para que su heredero, Emilio Azcárraga Jean, aventajara a Telmex en el mercado del triple play y se convirtiera en su principal adversario en los últimos años.

Al día siguiente de la respuesta de Cerisola, el 7 de septiembre de 2006, Telmex solicitó formalmente el cambio de su título de concesión. Arturo Elías Ayub, director de alianzas estratégicas de la empresa, declaró que Telmex estaba tecnológicamente preparada para brindar a los clientes los servicios de televisión restringida a través de la banda ancha por internet. Afirmó que otras grandes empresas telefónicas, como AT&T o la propia española Telefónica ya lo podían hacer.

El intercambio de oficios, en el último tramo del gobierno de Vicente Fox, no resolvió las diferencias. La Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer), instancia responsable de revisar lo estipulado en el Acuerdo de Convergencia, se lavó las manos y apoyó las observaciones de otras empresas telefónicas, rivales de Telmex y Telcel, como Nextel, Alestra y Avantel. A su vez, la Comisión Federal de Telecomunicaciones guardó un extraño silencio y la Comisión Federal de Competencia defendió las condiciones establecidas en el Acuerdo de Convergencia firmado el 31 de diciembre de 2005.

Las condiciones del Acuerdo de Convergencia estipularon que sólo hasta que Telmex cumpliera con garantizar la interconexión, la interoperabilidad y la portabilidad numérica a otros competidores de telefonía fija, así como que aplicara normas de contabilidad separada que impidan los llamados “subsidios cruzados” en la prestación de servicios de telefonía, televisión restringida e internet, la empresa de Slim podía competir abiertamente con Televisa en el mercado del audio y el video. Se establecieron como plazos entre 60 y 75 días, con lo cual se pronosticó que el ingreso de Telmex al mercado del triple play se realizaría en el segundo semestre de 2007.

Para frenar esta posibilidad, Gil Díaz ordenó que Telmex pagara una millonaria contraprestación. Los voceros de Telmex reprocharon que el celo recaudatorio de Gil Díaz no fue el mismo cuando Citigroup adquirió Banamex, el principal banco del país, controlado entonces por Roberto Hernández, que no tuvo que pagar ninguna obligación fiscal a la Secretaría de Hacienda.

En realidad, lo que el ex secretario de Hacienda foxista estableció fue una maniobra para ganar tiempo, “congelar” a Telmex y permitirle a las empresas de televisión por cable, dominadas cada vez más por los intereses de Televisa, tener las condiciones de competencia frente al gigante telefónico.

El papel de Gil Díaz en esta disputa ha sido clave. Desde antes de abandonar el gobierno foxista, el ex secretario de Hacienda maniobró para tener una fuerte influencia en el área de telecomunicaciones dentro de la administración calderonista. Logró colocar a cuatro funcionarios en la SCT, encabezada por Luis Téllez en los primeros dos años del calderonismo. Entre ellos estaban Rafael del Villar, subsecretario de Comunicaciones, y Gonzalo Martínez Pous, director general jurídico de la secretaría. Actualmente, ambos son comisionados de la Cofetel. Los otros dos funcionarios de la red de Gil Díaz fueron Manuel Rodríguez Arregui, subsecretario de Transporte, y Pablo González Manterola, director general de Política de Telecomunicaciones.

El vínculo entre los intereses de Gil Díaz y Televisa se reforzó en agosto de 2010 con la incorporación del abogado Luis Mancera de Arrigunaga al staff de Televisa. Mancera trabajó de 1997 a 2002 como jefe ejecutivo legal de la empresa Avantel y se especializó en los asuntos de telecomunicaciones. En 2004 estuvo en la Secretaría de Hacienda y fue el jefe de Martínez Pous, actual comisionado de Cofetel.

De 2005 hasta noviembre de 2008, Mancera de Arrigunaga fue el procurador fiscal del país. Dejó el cargo para integrarse como consejero de la poderosa firma de asesoría legal White and Case, la misma que fue denunciada en agosto de 2009 por el senador perredista Graco Ramírez por realizar un sospechoso “tráfico de influencias”, ya que varios funcionarios del área hacendaria federal trabajaron para la consultoría. Gracias a estas conexiones, White and Case hizo que la Secretaría de Hacienda le devolviera 130 mil millones de pesos a grandes contribuyentes, entre ellos Televisa (La Jornada, 28 de agosto 2009).

Experto en telecomunicaciones y en asuntos fiscales, Mancera de Arrigunaga jugará un papel fundamental frente a los próximos litigios que Televisa enfrentará  por las licitaciones de la fibra óptica y de telefonía móvil. Además, su presencia garantiza para la empresa televisora un vínculo muy claro con el comisionado Gonzalo Martínez Pous y con Gil Díaz. Finalmente, el abogado del ITAM forma parte de la red de funcionarios cercanos al círculo de poder del banquero Roberto Hernández.

Otra demostración de la influencia de Gil Díaz en el área de telecomunicaciones fue su gestión en marzo de 2007 para que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes le otorgara a la empresa International Telecom Associates (LLC) el diseño y la definición de la política de interconexión entre operadores de telefonía móvil, así como el desarrollo de una iniciativa referente al acceso a banda ancha a internet. El principal asesor de LLC fue Robert K. Lacy, quien fungió entre 1994 y 1999 como secretario del Consejo de Administración de la empresa Avantel, telefónica que entonces dirigió Gil Díaz y cuyo principal accionista fue Roberto Hernández.

Un documento interno de la agenda de Lacy revela que entre el 25 y el 30 de marzo de 2007 este asesor extranjero sostuvo reuniones con el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, con el entonces subsecretario Rafael del Villar y con asesores de Felipe Calderón para discutir la regulación de la interconexión entre operadores de telefonía móvil. Desde entonces se gestó una estrategia para abrir las telecomunicaciones a la inversión extranjera al 100 por ciento. Lacy finalmente acabó distanciado de Gil Díaz, pero la influencia del ex secretario de Hacienda en la política general de la SCT ha continuado hasta nuestros días.

Públicamente, Televisa nunca ha vetado el ingreso de Telmex al mercado del triple play. El vicepresidente de Finanzas de Televisa, Alfonso de Angoitia reconoció en 2006 que era inminente la competencia entre ambos gigantes. “Para Telmex se abre el mercado de video y para Televisa se abre el mercado de telefonía”, sintetizó De Angoitia en una entrevista con este reportero.

Incluso, el presidente de la Comisión Federal de Competencia, Eduardo Pérez Motta, caracterizado por su crítica a la concentración de Telmex y Telcel en los mercados de telefonía fija y móvil, declaró optimista que “por primera vez tenemos la posibilidad de que los dos grandes gigantes, Telmex y Televisa, compitan, siempre y cuando garanticen reglas claras para el ingreso de otros competidores”.

Pérez Motta también advirtió que para una competencia sana en el mercado del triple play era necesario que se lograra un acuerdo de contenidos para evitar el monopolio de la distribución y producción de contenidos de video, ejercido por Televisa y las empresas cableras más grandes; así como promover que la red de fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad y el sistema de red inalámbrica WyMax sirviera como nuevas redes alternas de distribución de internet. Desde finales de 2006 el titular de la Comisión Federal de Competencia especificó cuáles eran los pasos más delicados de la disputa por el mercado del triple play.

Este mercado es el que ha crecido más aceleradamente en el país. Tan sólo en materia de telefonía fija y móvil se generaban 23 mil millones de dólares anuales, los servicios de interconexión a internet tuvieron un crecimiento cercano al 20 por ciento anual entre 2005 y 2006, y el número total de usuarios de televisión de paga creció 14.3 por ciento en el tercer trimestre de 2006.

Tan sólo en 2005 todo el sector de telecomunicaciones había crecido 21.5 por ciento, 8 veces más que el producto interno bruto del país, y captó inversiones por 18 mil 800 millones de dólares durante el sexenio foxista. La SCT calculó para esas fechas que el valor de todo el sector de telecomunicaciones rondaba por los 45 mil millones de dólares. (Datos de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes).

De ese tamaño era y es el pastel de uno de los sectores más dinámicos de la economía del país y, por tanto, atenazado por los intereses monopólicos más fuertes.

Sin embargo, desde 2007 a la fecha, los buenos deseos y las declaraciones optimistas se quedaron en el tintero. Televisa comenzó a articular una hábil estrategia para avanzar en el terreno del triple play y condicionar su apoyo al débil gobierno de Felipe Calderón, a cambio de que se frenara el ingreso de Telmex al mercado de la televisión restringida.

Los artífices de la transformación de Televisa utilizaron no sólo la presión política y mediática sino las herramientas de su condición dominante en el mercado audiovisual. La primera alianza fue con la Cámara Nacional de la Industria de Televisión por Cable (Canitec), cuyo dirigente Alejandro Puente fue apoyado por Televisa para defender los intereses de este sector, dominado por las tres grandes empresas filiales del consorcio (Cablevisión, Cablemás y TVI).

“Telmex debe entrar al servicio de video, pero no ahorita”, demandó Puente durante su comparecencia en el Senado de la República el 17 de octubre de 2007. Puente acusó a Telmex de incumplir “sistemáticamente con su título de concesión” y pidió que se les diera a las empresas de televisión por cable un plazo de gracia de 10 a 15 años para poder competir con la empresa de Slim.

En mayo de 2008, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes le ordenó a Telmex que, en un plazo no mayor de 10 días, la otorgara la interconexión a Grupo de Telecomunicaciones Mexicanas (GTM), filial de la empresa Telefónica-Movistar, dirigida por Gil Díaz. El ex secretario de Hacienda salió a realizar declaraciones en prensa acusando a Telmex de “depredador” y “monopólico”.

Telmex argumentó que GTM era propiedad en un 97 por ciento de Telefónica, empresa de capital español, con lo cual violaba la prohibición de la Ley Federal de Telecomunicaciones para que una empresa extranjera no tuviera más del 49 por ciento de sus inversiones en telefonía fija.

Las acusaciones contra Telmex por incumplimiento de los convenios de interconexión han proliferado en los últimos dos años. En la mayoría de los casos, los litigios jurídicos se han prolongado durante el sexenio y sólo confirman la debilidad creciente de los dos grandes organismos reguladores, Cofetel y SCT, beneficiando así a los agentes dominantes del mercado, especialmente a Televisa.

Otro caso es la empresa Axtel, propiedad de Tomás Milmo Santos. Axtel se inconformó en 2006 con la decisión de la Comisión Federal de Telecomunicaciones por el sistema “el que llama paga”. El caso escaló hasta la Suprema Corte de Justicia, ya que la empresa de Milmo Santos alegó que este sistema es un mecanismo de subsidio para las grandes empresas de telefonía y le reclamó a Telcel el pago de 2 mil 300 millones de pesos por tarifas de interconexión que no pagó la empresa sino sus usuarios. A su vez, el director jurídico de Telcel, Alejandro Cantú, reviró señalando que Axtel sólo paga 50 centavos por minuto por tarifa de interconexión en el sistema “el que llama paga local”, en lugar de la tarifa de 1.90 pesos por minuto.

La disputa colocó en una situación de franca disputa a las dos principales cabezas de Cofetel y SCT: Héctor Osuna y Juan Molinar Horcasitas. Desde el 30 de junio de 2010 Osuna renunció “por razones personales” a la Cofetel, pero los litigios entre las empresas de telecomunicaciones se han agudizado. Sólo Televisa ha avanzado claramente en su proyecto de negocios.

Las constantes disputas entre Cofetel y SCT se tradujeron en un debilitamiento de los entes reguladores y un paulatino y creciente fortalecimiento de los intereses dominantes en el sector. En junio de 2010, tras la forzada renuncia de Héctor Osuna como presidente de Cofetel, Calderón designó Mony de Swaan, ex coordinador de asesores del secretario Juan Molinar Horcasitas, como comisionado de la Cofetel y en votación dividida, tres de los cinco integrantes del pleno de la comisión lo apoyaron para que quedara como presidente.

La incorporación de De Swaan tiene como objetivo eliminar las constantes disputas entre Cofetel y SCT. El éxito de esta jugada política está por verse. Lo que se ha provocado es una creciente tensión entre los cinco comisionados de la Cofetel, tal como se demostró durante el fallo de la licitación 21, que le otorgó a la sociedad Televisa-Nextel el paquete más valioso de la telefonía móvil para el cuádruple play a un precio de ganga.

 

 

4 Respuestas a “Telmex y Televisa, De la Sociedad a la Disputa

  1. Estimado Jenaro:
    Tu estupenda y detallada descripción del pleito Teidiotisa vs Telmex lo considero en extremo importante por mostrar que la oligarquía que nos “mangonea” desde hace 82 años (1929 – 2011) afortunadamente también muestra fisuras, facciones, en las que la cúpula gobernante en turno descaradamente favorece a ciertos empresarios y “fastidia” -frena un poco la siempre abundante ganancia- a sus rivales .
    Es evidente que en el enfrentamiento citado la “ponzoñosa” cuenta con la enorme ventaja que le da la ferviente fidelidad de su multimillonaria e ignorante audiencia y su insaciable apetito por comerciales y truculentas “taranovelas”, culminando dia a dia con el envenenado “postre” que les significa ser diariamente “informados” por López Dóriga o Alatorre. A lo anterior hay que añadir que en los últimos diez años de nefasto panismo, éste ha aprovechado la abrumadora cobertura nacional del duopolio para difundir machaconamente sus mentiras, labor en la que cuenta con el decidido apoyo de las cadenas radiales, salvo honrosas excepciones, ahora alentadas y encabezadas por la indomable y valiente Carmen Aristegui Flores, ante la cual -y en buena parte gracias a la indiscutible influencia al ahora tan temido y fulminante “Síndrome Egipcio”- el Sr. Calderón tendrá que olvidarse por un buen rato de su dictatorial pretensión de enmudecerla. Saludos,

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