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Navidad, una Enfermedad Llamada Consumismo

Jenaro Villamil

Foto: John B. Henderson

El consumo es una necesidad humana, pero el “consumismo es un producto social, no un veredicto innegociable de la evoluciónbiológica”, sentenció Zygmunt Bauman, el famoso sociólogo autor de la tesis de laSociedad Líquida, en una de sus 44 Cartas Desde el Mundo Líquido, recién compilada por Editorial Paidós.

Bauman describe en varias de estas cartas lo que ahora está a todas luces presente en los supermercados, en las plazas comerciales omalls, en la calles de todas las ciudades mexicanas, en los sitios online transformados en grandes vitrinas comerciales o en los mismos medios masivos: una angustia tremenda que como describió Sigmund Freud hace más de ochenta años en El Malestar en la Cultura. Es la angustia de apropiarnos de algo de este mundo, consumirlo, comprarlo, como una extensión de un narcicismo tan infantil como los cuentos de Santa Clos, el gordito que se viste con los mismos colores de la Coca-Cola, el Marlboro o el McDonalds.

“Salir de compras” es la expresión más usual en estos días. Y Bauman tiene el acierto de describir estos grandes y ostentosos centros comerciales como las nuevas farmacias del mundo líquido,independientemente si venden o no fármacos a los clientes.

“Al margen de los restantes usos aparentes de los productos en venta, la mayor parte de éstos sonmedicamentos (o al menos eso se sugiere o se imagina). La obtención de tales productos y su consumo son actos a los que se les atribuye la capacidad de aplacar molestias o dolores que, de otro modo, se enconarían”, describe el profesor emérito de la Universidad de Leeds.

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La Responsabilidad Social de los Medios (Segunda parte)

Segunda parte del texto leído en el Coloquio de Otoño de la Universidad Veracruzana. Consulta la primera parte aquí.

Jenaro Villamil

Recuperación de lo Público

Es un hecho cada vez más presente que la política en México se hace en los medios y para los medios, en particular, para la televisión comercial. Como vehículo de promoción y publicidad –incluso, a costa de la serie de escándalos y videoescándalos- de los políticos, la televisión abierta es la gran plataforma de conocimiento.

Sin embargo, esto no ha enriquecido la política y menos lo político. Ni los modelos televisivos y radiofónicos imperantes en México promueven la deliberación pública sino la estridencia de lo efímero, una especie de talk show imparable y permanente, al margen y por encima de las propias demandas, intereses y necesidades de la sociedad.

De esta manera, el divorcio se plantea así: la información como un bien público es sustituida por la mercadotecnia como política esencial de los medios; la comunicación se confunde con la publicidad y la propaganda; los mismos medios electrónicos, lejos de cumplir con un servicio acorde con su condición de señales públicas concesionadas, se transforman en poderes fácticos que se sobreponen y determinan a lo público.

Jesús Martín Barbero escribió en Los Medios y las mediaciones:

“En América Latina el abandono del mediacentrismo se está produciendo menos por el impacto de la reconversión industrial de los medios que por la fuerza con que los movimientos sociales hacen visible las mediaciones”.

Barbero propuso investigar tres lugares de mediación: la cotidianidad familiar, la temporalidad social y la competencia cultural.

Esta propuesta no ha dejado de ser válida como una fórmula para recuperar el espacio de lo público en nuestros medios masivos. La responsabilidad no es sólo de los movimientos sociales sino de nuestros propios políticos y de los trabajadores de los medios de comunicación.

La mediación sin democratización es la ruta más segura para la derrota civilizatoria de nuestra sociedad. Recuperar lo público reclama expropiar de la ruta de los videoescándalos, de la teleguerra sucia y de la autocensura informativa la riqueza cultural que es una promesa incumplida de nuestros medios.

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La Responsabilidad Social de los Medios (Primera parte)

Jenaro Villamil

Texto leído en el Coloquio de Otoño de la Universidad Veracruzana.

Cuatro preguntas fundamentales se plantean cuando reflexionamos sobre el papel de los medios de comunicación en México y su responsabilidad social frente al inacabado y complejo proceso de transición en nuestro país:

1.-¿Es posible fortalecer la democracia con empresas mediáticas que le apuestan más a la concentración y les quedan incómodos los valores democráticos como pluralidad, tolerancia, libertad de expresión, acceso a la cultura y a la información, compromiso con la educación, respeto y promoción a los derechos de las audiencias, por mencionar sólo algunos?

2.-¿Cómo ejercen su responsabilidad social estos medios ante un panorama dominado por la dictadura del rating, la hipercomercialización de sus contenidos, la transformación de la sociedad de la información en una especie de sociedad anónima de la desinformación?

3.-¿Qué escenarios se presentan ante los adelantos tecnológicos que aceleran el proceso de convergencia entre los lenguajes audiovisuales, cibernéticos y de telecomunicaciones y la irrupción de las redes sociales como medios alternos?

4.-¿Estamos construyendo los trabajadores de los medios las condiciones necesarias para responder a las exigencias y el creciente malestar de las audiencias frente a los contenidos mediáticos predominantes o nos quedamos pasmados, en la medida que somos jueces y parte de este proceso?

 Son preguntas abiertas que no tienen respuestas sencillas ni esquemáticas, pero que invitan a una revisión y reflexión. Y éste es el objetivo de mi participación.

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