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El “Redescubrimiento” de Paz en el Senado

Jenaro Villamil

En el recinto se escuchó una grabación con la voz, inconfundible, de Octavio Paz, y algunas de las líneas más declamadas por una generación que se encontró con Piedra de Sol como atmósfera y esencia:

…amar es combatir, si dos se besan

el mundo cambia, encarnan los deseos,

el pensamiento encarna, brotan alas

en las espaldas del esclavo, el mundo

es real y tangible, el vino es vino,

el pan vuelve a saber, el agua es agua…

Con estos versos como introducción, la mañana del miércoles 19 de octubre se concretó un homenaje que tres años atrás fue propuesto por la senadora María Rojo, del PRD y presidenta de la Comisión de Cultura, y por el legislador priista Francisco Arroyo Vieyra: ponerle el nombre de Octavio Paz a uno de los recintos del Senado de la República.

Por unanimidad, los grupos parlamentarios apoyaron la propuesta, pero se concretó hasta que se concluyó el nuevo recinto de la Cámara alta, en el cruce de las avenidas Reforma e Insurgentes, a unas calles del último domicilio del Premio Nobel de Literatura 1990, en la calle Río Lerma, de la colonia Cuauhtémoc.

“Hoy cumplimos ese honroso compromiso al imponer a este auditorio el nombre de Octavio Paz, a quien así le rendimos homenaje, el primero que se hace en esta nueva sede”, afirmó la actriz y legisladora María Rojo.

La memoria a Octavio Paz convocó no sólo a los coordinadores de las tres grupos parlamentarios más importantes del Senado sino a su viuda y fiel compañera, Mari Jo, a la actriz Silvia Pinal, al poeta Homero Aridjis, a ex funcionarios de la cultura como Rafael Tovar y de Teresa o Gerardo Estrada, sino también a dos intelectuales que, en contrapunto, hablaron del poeta: el historiador Enrique Krauze y el politólogo Enrique González Pedrero.

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Tomas Tranströmer, las Poderosas Metáforas de un Premio Nobel

Jenaro Villamil

“El periódico, gran mariposa sucia”, “los muebles, listos para volar en el claro de luna”, “la semilla intenta vivir en el asfalto”, “el mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro”, éstas y otras poderosas metáforas, sencillas, directas, con una construcción lingüística de primer nivel, definen la obra del poeta sueco Tomas Tranströmer, recién galardonado por la Academia Sueca como el Premio Nóbel de Literatura 2011.

Desconocido para la gran mayoría de los hispanohablantes, una leyenda en su propio país, Tranströmer, a sus 80 años, ha huido de la parálisis que le afecta la mitad del cuerpo para volar a través de una poesía que le rinde homenaje al haikú, al verso libre de imágenes poderosas.

Hace treinta años que la academia sueca no galardonaba con el Nóbel de Literatura a un paisano. Todos esperaba que Henning Mankell, famoso por la serie de novelas policiacas que han dado vida a Kurt Wallander, o que el japonés Murakami, un fenómeno mundial ahora con su novela 19Q4, transformaran su éxito en librerías en un reconocimiento del Nóbel.

No fue así. Afortunadamente, estos premios nos permiten conocer la obra de grandes escritores que el mercado editorial no editaría si no fuera por el galardón. Tranströmer es vital, es intenso, es un topo y un águila.

Aquí compartimos algunos versos publicados en estos días:

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