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Monsiváis, los medios y sus aforismos

Jenaro Villamil

Este 19 de junio se cumplen 2 años del fallecimiento de Carlos Monsiváis. Cronista, comentarista, analista y escritor como nunca indispensable en el contexto mexicano. Nos quedan sus ideas, su obra, su activismo ciudadano, su compromiso permanente con los movimientos democratizadores.

Iniciamos en Homozapping una nueva selección de sus aforismos. Les compartimos los siguientes. Jenaro Villamil

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Muerte

Texto de Carlos Fuentes (1928-2012), incluido en su libro titulado En esto creo, del que ofrecemos un fragmento a los lectores de La Jornada, con autorización del sello editorial Alfaguara

Carlos Fuentes

Carlos Fuentes en su estudio de San Jerónimo, 1986. Foto: Rogelio Cuéllar. Fuente: jornada.unam.mx

Cuando se trata de acompañar a la muerte, ¿cuál es el tiempo válido para la vida? Freud nos advierte que lo que no tiene vida existió con anterioridad a lo vivo. El fin de toda vida es la muerte, una reina todopoderosa que nos precedió y seguirá aquí cuando desaparezcamos. ¿Nos anunció antes de ser? ¿Nos recordará después de haber sido? O más bien, la nada que nos precedió y que nos seguirá, ¿sólo se vuelve consciente en tanto naturaleza, no en tanto nada, gracias a nuestro paso por la vida? La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es. La esperamos con grados diferentes de aceptación, de furia, de tristeza, de cuestionamiento, de arrepentimiento, de eso que Xavier Villaurrutia llamabanostalgia de la muerte. Hacemos el balance de nuestra vida, pero sabemos que el verdadero fiscal es la muerte y que su veredicto lo conocemos de antemano. Compañera final e inevitable. Pero ¿amiga o enemiga? Enemiga y, más que enemiga, rival, cuando nos arrebata a un ser amado. Qué injusta, qué maldita, qué cabrona es la muerte que no nos mata a nosotros, sino a los que amamos. Sin embargo, esa muerte enemiga es la que podemos vencer. A veces, en mis caminatas diarias por el viejo cementerio de Brompton en Londres, paso frente a un vasto terreno de cruces blancas. Contrastan con la elaboración suntuaria de la mayoría de los túmulos funerarios del camposanto. Son las sencillas cruces blancas de muchachos muertos en la primera guerra mundial. Leo sobrecogido las fechas de nacimiento y muerte. No he encontrado allí a un solo joven que haya rebasado los treinta años de edad. La muerte de un joven es la injusticia misma. En rebelión contra semejante crueldad, aprendemos por lo menos tres cosas. La primera es que al morir un joven, ya nada nos separa de la muerte. La segunda es saber que hay jóvenes que mueren para ser amados más. Y la tercera, que el muerto joven al que amamos está vivo porque el amor que nos unió sigue vivo en mi vida.

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Carlos Monsiváis, el Adelantado

Jenaro Villamil

Un Homenaje para Conmemorar el Natalicio de un Escritor que Sigue entre Nosotros

Carlos Monsiváis es un caso extraño de conquistador que ya intuía y conocía las dimensiones de los territorios imaginarios, -intelectuales, culturales, periodísticos, sociales- antes de haberlos colonizado plenamente.

El  método de conquista de Monsiváis nunca fue la espada y la cruz, sino el humor y la inteligencia. Su método de amistad nunca fue el apapacho y la falsa amabilidad sino el desafío intelectual y el compromiso compartido.

Era un conquistador desde las izquierdas. Con ellas mantuvo un permanente diálogo y exigencia, pero nunca la abandonó como opción vital, aún con todos sus excesos, sus prejuicios, sus ánimos teológicos, sus carencias. De la derecha le interesaban sus códigos, su lenguaje, incluso sus expresiones artísticas y, por supuesto, sus exabruptos que lo divertían al elaborar Por mi Madre, Bohemios,  pero no la falsa seguridad que da la superioridad de las jerarquías.

La obra de Carlos Monsiváis es abierta, vital, provocadora, permanente. Aún dialoga con los jóvenes que recientemente han marchado con Javier Sicilia denunciando la irracionalidad de la doble violencia –verbal y física- que ha imperado en este sexenio; con quienes defienden aquí y en todo el mundo el derecho a ser diferentes, el respeto a sus opciones de vida como gays, lesbianas o transexuales; a quienes batallan por darle acceso a medicamentos, servicios de salud dignos e integridad moral a quienes viven con VIH; para quienes han migrado de sus lugares de origen y enriquecen la cultura de las ciudades donde viven y se niegan a ser el pretexto para campañas de odio xenofóbico; a quienes pelean por el respeto a la laicidad y están en contra de los prejuicios morales y de los intentos de uniformidad cultural; para los movimientos feministas y medioambientalistas; para quienes ejercen el periodismo crítico, cotidiano, a pesar de la autocensura imperante; para los insumisos que aún creen y luchan por una nueva dignidad.

Identifico tres ejes importantes en la vitalidad de la obra de Monsiváis que quiero reflexionar con ustedes:

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Festival Internacional de Poesía y Prosa en la Ciudadela

Fuente: Conaculta

Óscar Ramírez Maldonado

En una plaza llena de historia inició este lunes el Festival Internacional de Poesía y Prosa. La plaza de la Ciudadela: ciudad de los libros y la imagen abrió sus puertas a invitados de varios países, entre los cuales están España, Australia, Siria y Holanda. El festival durará hasta el próximo viernes 27 de abril e incluirá una sesión diaria de lectura a las 19:00 horas, para cerrar el viernes con una reunión final con la participación de todos los invitados a este evento. Estas sesiones estarán abiertas al público y la entrada es libre.

El 13 de abril, cuando fue anuciada esta primera edición del Festival, la actriz Angélica Aragón -encargada de conducir y moderar las mesas de este evento-, informó que en las galas de lectura públicas participarían DBC Pierre, de Australia; el español Luis Garacía Montero; Cees Noteboom de Holanda; el poeta sirio Adonis; y el argentino radicado en México Juan Gelman. Por parte de nuestro país participan Luis Miguel Aguilar, Eduardo Lizalde, José Javier Villareal, Héctor Manjarrez, Eraclio Zepeda, Enrique Serna y Ana Clavel.

Al inaugurar el encuentro, Consuelo Sáizar, presidenta de Conaculta, lo calificó como un “mosaico literario” y señaló que los escritores son el alma de un pueblo. Consideró que cuando los escritores se reúnen a dialogar y a buscar ideas, transforman a los festivales de literatura en la mejor manera de trazar un “mapa de conocimiento y felicidad”. El encargado de dar inicio a las lecturas de la jornada inaugural fue el poeta sirio Adonis, nacido en 1930 en Qasabín.

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Vigencia de la Virgen de los Sicarios de Fernando Vallejo

Gerardo Esparza Rivas

Texto leído en una mesa de la pasada Feria del libro de Guadalajara, junto a Fernando Vallejo.

Fernando Vallejo muestra el fracaso social en Colombia durante la década de los años noventa y escribe la novela del desengaño de las políticas públicas sociales y de lucha contra el narcotráfico del gobierno colombiano. Escribe con las heridas aún sangrando, con los estragos evidentes que le provocan los demasiados muertos, con los deseos de quedarse sin palabras para contar lo que sucede cuando no hay salida en un país acorralado por sus errores y traiciones.

La novela escrita hace mas de 20 años no ha perdido vigencia, o mejor dicho, ha retomado la importancia que una obra así no debe perder nunca, no en un país asolado como el nuestro, no en un país empecinado a seguir el modelo colombiano de su lucha contra el crimen organizado. Y es que La Virgen de los Sicarios bien podría llamarse “San Malverde” y ubicarse en México con sus miles de muertos y su ejército lejos de los cuarteles, estar llena de personajes con acento y coloquialismos mexicanos, repleta de la pólvora que ruge en nuestras calles, de la sangre que convierte en ríos nuestras avenidas y de la muerte que campea y cabalga sin tregua desde algunos años nuestro destino.

La Virgen de los Sicarios es una obra monumental sobre el derrumbe de la sociedad en que se encuentra inmersa, es también un profundo análisis de los errores cometidos por todos, un ajuste de cuentas con el odio incubado en todos: “los rencores se heredan de padres a hijos y se pasan de hermanos a hermanos como el sarampión… La lucha implacable es a muerte, esta guerra no deja heridos porque después se nos vuelven culebras.” Es un retrato de lo podrido que está el sistema político colombiano, o el mexicano o cualquiera que se obstine en solucionar el grave problema de las drogas por medio de armas, balas y mucha voluntad de enjuiciar al prójimo sin antes construir un sistema de justicia funcional e incorruptible, un sistema judicial que no se deshaga de sus responsabilidades, que se desborde de averiguaciones previas, que convierta en criminales a los ciudadanos y sature las prisiones por no cumplir con su encomienda o porque paga mejor el soborno que el Estado. Un sistema que le apuesta a las balas para combatir a las balas sin entender que son las palabras y la educación la respuesta a tanta miseria

En la novela de Fernando Vallejo nos hallamos con una narración personalísima que demuele todo lo que se encuentra. Principalmente a la sociedad permisiva, pero también a los gobiernos de César Gaviria y Ernesto Samper, a la Oficina del Envigado, al Cártel de Medellín y Colombia entera. Y lo es porque refleja, palabra a palabra, la descomposición a la que son sometidos todos los actores sociales que se desenvuelven en el país. Los sicarios son aquí jóvenes arrastrados por la falta de oportunidades laborales dignas y porque se les maleducó para creer que se debe tener todo, tenerlo rápido y ostentarlo pronto, porque no hay otra cultura que no sea la del ruido y los proyectiles. A eso se habituaron los Taylor y Alexander y los Fáber y los Eder y Wílfer y Yeison o Alexis y Wílmar, a esperar una recompensa pronta y expedita, a ganar, sin que importen las consecuencias de sus actos, porque el que está dispuesto a morir tiene derecho a pedirlo todo. Una vida o cincuenta mil muertes bien lo valen. Dice Fernando y dice bien: “Aquí no hay inocentes, todos son culpables.” Y es que la vida está tan devaluada como los pesos y pagan mejor tres escapularios regados por el cuerpo que la escuela o las bibliotecas, porque es más popular y redituable autoemplearse en esa industria tan boyante de la muerte, donde bastan unos cuantos billetes para encomendarse a María Auxiliadora y rezar algunas balas para matar a quien se ponga enfrente. Entonces la razón y su forma de vida es la muerte.

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Los Idolos a Nado, Nuevo Viaje de Carlos Monsiváis

Texto leído por Jenaro Villamil en la presentación del libro de Carlos Monsiváis “Los ídolos a nado” el día de hoy en el Museo del Estanquillo.

Jenaro Villamil

Los Idolos a Nado es el título de la nueva antología de Carlos Monsiváis que comenzará a circular este 21 de junio en Madrid y cuya edición se conocerá en agosto de este año en México.

Coordinados por Jordi Soler, este compendio de textos sobre la cultura popular mexicana y sus representantes más significativos en el siglo XX, fue una idea que surgió en 2009, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Monsiváis reescribió y corrigió muchos de los textos que ahí se publican, retomados de Escenas de Pudor y Liviandad, Salvador Novo: lo Marginal en el Centro, de Apokalipstick y, en especial, de una antología que preparó para la Universidad de Puerto Rico, institución famosa por haber realizado antologías personales de grandes escritores latinoamericanos.

La antología pretende dar a conocer a Monsiváis al gran público lector del viejo continente. Sus textos, tan intensos e insertos en la coyuntura y en la historia mexicana, muchas veces no cruzaron el océano Atlántico, precisamente por la falta de contexto de muchos de sus lectores. Los Idolos a Nado, frase tomada de un verso de Ramón López Velarde, busca precisamente eso: “nadar” hasta el otro continente para dar a conocer los ídolos de la cultura mexicana.

A continuación, se presentan algunas de las frases y aforismos más importantes que se recuperan de esta nueva antología.

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Falleció Eliseo Alberto, premio Alfaguara 1998

Afp
Publicado: 31/07/2011 12:18

Foto: Guillermo Arias. Fuente: elpais.com

México, DF. El escritor, poeta, periodista, docente y guionista de cine, el cubano-mexicano Eliseo Alberto, falleció hoy en un hospital de la Ciudad de México, donde estaba en terapia intensiva, luego de que en días pasados recibió un trasplante de riñón.

La obra de Eliseo Alberto o Lichi, como era conocido, destaca por sus múltiples rutas en la creación literaria de Latinoamérica. Obtuvo el Premio Nacional de la Crítica en Cuba en 1983 por La fogata roja, en 1993 recibió el Premio Gabino Palma por Informe contra mí mismo y 1998 conquistó el Premio Internacional Alfaguara de Novela por Caracol Beach.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) lamentó su deceso y en un comunicado señaló que fue un hombre que buscó a través delas palabras el camino de la libertad.

Hijo del también escritor Eliseo Diego, Eliseo Alberto nació en Arroyo Naranjo, un pueblo cubano en 1951 y murió a la edad de 59 años.

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Lectores de todas las generaciones abrevaron en el pensamiento de Monsi

Carlos Paul

Periódico La Jornada

Martes 21 de junio de 2011, p. 5

Participantes en el acto efectuado en memoria de Carlos Monsiváis, ayer, en el Museo del Estanquillo, en el Centro Histórico. Foto: María Luisa Severiano. Imagen: jornada.unam.mx

“Cuando uno lee ya no está solo. Leer es dialogar y cuando se dialoga la soledad se declara abolida.” Con esta reflexión de Carlos Monsiváis en la mente de los asistentes se inició la maratónica lectura en el Museo del Estaquillo como una muestra del pensamiento vivo y profundo respeto, admiración y cariño que los lectores de todas las edades y generaciones tienen al cronista.

Con el título Cada quien su Monsi y con un lleno completo de la terraza del Museo del Estanquillo, que alberga la colección de más de 15 mil piezas del autor de Días de guardar, arrancó este lunes a mediodía la lectura de fragmentos de algunas de las crónicas y ensayos escritos por Monsiváis, así como el deseo de compartir algunas anécdotas que una u otro de los asistentes vivió con Monsi, de quien el 19 de junio se conmemoró su primer aniversario luctuoso.

Recordar a Monsiváis fue evocarlo como aquel escritor con el don de la ubicuidad que lo situaría como el cronista del México contemporáneo.

Célebre fue el cariño que Monsiváis tenía por los gatos; por ello antes de iniciar la lectura se enlistó algunos de los nombres que Monsiváis puso a sus felinos, como: Monja beligerante, Rosa Luxembugo, Ansia de militancia, Evasión, Fetiche de peluche, Fray Gatolomé de las Bardas, Chocorrol, Miau Zetong, Miss Oginia, Miss Antropía, Mito genial, Caso Omiso, Peligro para México y Copelas o maúllas, entre otros nombres.

Defensor de la cultura popular

En otro momento, en Cada quien su Monsi, la escritora Sandra Lorenzano recuperó el interés que tenía el autor por la cultura y en particular por la cultura popular.

“Por primera vez en nuestro país dejamos de considerar a la cultura como la ‘alta’ cultura y nos dimos cuenta gracias a Monsiváis de que las artesanías, los boleros, los chavos banda, los feligreses yendo a la Basílica de Guadalupe el 12 de diciembre, el cine, las telenovelas, etcétera, también son cultura.”

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Monsiváis, Los Idolos a Nado: Mario Moreno, 1911-1993- La Imagen Perdurable y los Momentos Momentáneos

Jenaro Villamil

A inicios de junio de este año comenzó a circular en España una nueva antología de Carlos Monsiváis, Los Idolos a Nado, revisada y corregida por el propio autor, antes de su fallecimiento, el 19 de junio de 2010. El libro, editado por Jordi Soler, es la primera obra concebida por el gran cronista e intelectual mexicano para el  público lector europeo que hasta ahora desconoce de manera directa los textos más importantes del autor de Escenas de Poder y Liviandad, Apokalipstick y decenas de títulos más.

Inspirado en un verso de Ramón López Velarde, Los Idolos a Nado es el título que escogió Monsiváis para referirse a la aventura de cruzar el Océano Atlántico para dar a conocer a los máximos representantes de la cultura popular mexicana del siglo XX, como Mario Moreno Cantinflas, María Félix, José Alfredo Jiménez, Agustín Lara, María Conesa, Dolores del Río, entre otros.

La antología incluye textos revisados y corregidos por Monsiváis, tomados de Escenas de Pudor y Liviandad (Grijalbo, 1988), de Salvador Novo, Lo Marginal en el Centro (ERA, 2000), Apokalipstick (Debate, 2009) así como ensayos publicados en su Antología Personal, editado por la prestigiada Universidad de Puerto Rico, en 2009. La mayoría de estos últimos no se conocen en México e incluyen biografías de los máximos exponentes de la cultura popular mexicana.

La idea de este libro fue acordada por Jordi Soler y Carlos Monsiváis en 2009, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En el prólogo, Soler recuerda las últimas líneas de la Autobiografía que Monsiváis escribió en 1966: “Tengo veintiocho años y no conozco Europa”.

“Con un poco de suerte, y el favor de algunos lectores, conseguiremos que Europa lo conozca a él”, subraya Jordi Soler.

Esta misma edición circulará en México a partir de septiembre de este año, a través del sello Debate, de la editorial Random House Mondadori.

A continuación, se presenta un fragmento del ensayo sobre Cantinflas, uno de los Idolos a Nado.

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Carlos Monsiváis, el Adelantado

A continuación compartimos con ustedes el texto que Jenaro Villamil presentó en el homenaje por el primer aniversario luctuoso de Carlos Monsiváis, llevado a cabo hoy al mediodía en Bellas Artes.

Foto: EFE. Imagen: http://mexico.cnn.com/

Carlos Monsiváis es un caso extraño de conquistador que ya intuía y conocía las dimensiones de los territorios imaginarios, -intelectuales, culturales, periodísticos, sociales- antes de haberlos colonizado plenamente.

El  método de conquista de Monsiváis nunca fue la espada y la cruz, sino el humor y la inteligencia. Su rigor era periodístico por la precisión en los detalles, en la información, pero su alcance era más amplio por la complejidad de su prosa. En su obra, como en la amistad, no prevalecía el apapacho o la falsa amabilidad sino el desafío intelectual y el compromiso compartido.

La obra de Carlos Monsiváis es abierta, vital, provocadora, permanente. Aún dialoga con los jóvenes que recientemente han marchado con Javier Sicilia denunciando la irracionalidad de la doble violencia –verbal y física- que ha imperado en este sexenio; con quienes defienden aquí y en todo el mundo el derecho a ser diferentes, el respeto a sus opciones de vida como gays, lesbianas o transexuales; a quienes batallan por darle acceso a medicamentos, servicios de salud dignos e integridad moral a quienes viven con VIH; para quienes han migrado de sus lugares de origen y enriquecen la cultura de las ciudades donde viven y se niegan a ser el pretexto para campañas de odio xenofóbico; a quienes pelean por el respeto a la laicidad y están en contra de los prejuicios morales y de los intentos de uniformidad cultural; para los movimientos feministas y medioambientalistas; para quienes ejercen el periodismo crítico, cotidiano, a pesar de la autocensura imperante; para los insumisos que aún creen y luchan por una nueva dignidad.

Identifico cuatro ejes importantes en la vitalidad de la obra de Monsiváis que quiero reflexionar con ustedes:

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