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Elba Esther y Romero Deschamps, fin de ciclo

Jenaro Villamil

Romero-GordilloUn singular paralelismo existe entre el inicio de la administración de Enrique Peña Nieto y la de Carlos Salinas de Gortari: ambos necesitan enfrentar no sólo a las disidencias reales que se articularon en contra de su llegada a la presidencia sino a los poderes corporativos más importantes que obstaculizan proyectos y negocios más ambiciosos en su sexenio.

El poder de Salinas se inauguró con el quinazo que destronó a Joaquín Hernández Galicia al frente del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana. El quinismo se convirtió en una profesión de fe y en una extensa y compleja red de intereses y negocios al interior de la principal paraestatal en México. Fueron adversarios durante toda la campaña de 1988, tanto, que la impresión y distribución del libelo Un Asesino en la Presidencia se le atribuyó a La Quina.

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Sindicatos con fecha de caducidad

Ángel Lara Platas

Joaquín Hernández Galicia "La Quina".

En ese momento nadie hubiera creído que el hombre de baja estatura, lentes grandes con aro de plástico, enfundado en un pantalón de dril que parecía barato, que en la acera opuesta a la del restaurant donde comíamos paella caminaba aprisa con movimientos que intentaban ser de alguien que se ejercita, y seguido tan sólo por un tipo más alto y fortachón que simulaba ser su acompañante en la caminata, se trataba de un poderosísimo personaje que asumió un liderazgo tan fuerte, que para la familia petrolera era como un fanal colocado en medio de las tinieblas.

Lejos de su tierra, ni automovilistas ni transeúntes detenían su mirada en el personaje que se dirigía a ningún lado, para luego regresar al mismo lugar. Nadie lo reconocía. Cuando nos retirábamos del lugar, coincidentemente entraba al mismo para tomar una soda, lo que venía haciendo de manera cotidiana desde hacía varios meses. Lo reconocí porque muchos años atrás lo traté en Ciudad Madero.

– ¿Usted es don Joaquín Hernández Galicia? –le pregunté-.

-Sí, yo soy ¿Y usted quién es?

Así inició un interesante diálogo que continuó en una modesta casa muy cerca de la Avenida Teopanzolco, “…una de las condiciones para alcanzar mi libertad, era radicar en Cuernavaca durante algún tiempo”

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