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Carlos Monsiváis, el Adelantado

Jenaro Villamil

Un Homenaje para Conmemorar el Natalicio de un Escritor que Sigue entre Nosotros

Carlos Monsiváis es un caso extraño de conquistador que ya intuía y conocía las dimensiones de los territorios imaginarios, -intelectuales, culturales, periodísticos, sociales- antes de haberlos colonizado plenamente.

El  método de conquista de Monsiváis nunca fue la espada y la cruz, sino el humor y la inteligencia. Su método de amistad nunca fue el apapacho y la falsa amabilidad sino el desafío intelectual y el compromiso compartido.

Era un conquistador desde las izquierdas. Con ellas mantuvo un permanente diálogo y exigencia, pero nunca la abandonó como opción vital, aún con todos sus excesos, sus prejuicios, sus ánimos teológicos, sus carencias. De la derecha le interesaban sus códigos, su lenguaje, incluso sus expresiones artísticas y, por supuesto, sus exabruptos que lo divertían al elaborar Por mi Madre, Bohemios,  pero no la falsa seguridad que da la superioridad de las jerarquías.

La obra de Carlos Monsiváis es abierta, vital, provocadora, permanente. Aún dialoga con los jóvenes que recientemente han marchado con Javier Sicilia denunciando la irracionalidad de la doble violencia –verbal y física- que ha imperado en este sexenio; con quienes defienden aquí y en todo el mundo el derecho a ser diferentes, el respeto a sus opciones de vida como gays, lesbianas o transexuales; a quienes batallan por darle acceso a medicamentos, servicios de salud dignos e integridad moral a quienes viven con VIH; para quienes han migrado de sus lugares de origen y enriquecen la cultura de las ciudades donde viven y se niegan a ser el pretexto para campañas de odio xenofóbico; a quienes pelean por el respeto a la laicidad y están en contra de los prejuicios morales y de los intentos de uniformidad cultural; para los movimientos feministas y medioambientalistas; para quienes ejercen el periodismo crítico, cotidiano, a pesar de la autocensura imperante; para los insumisos que aún creen y luchan por una nueva dignidad.

Identifico tres ejes importantes en la vitalidad de la obra de Monsiváis que quiero reflexionar con ustedes:

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Un trágico… asunto

Mauro Gallardo

@maurogallardov

Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando supe lo ocurrido. Unos tipos entraron a un casino, lo rociaron de gasolina y le prendieron fuego. Después de eso, las versiones cambiarían tanto como el número de víctimas inocentes. Tres fue el primer número que se publicó tanto en las redes sociales como en los medios electrónicos. Tres me parecía un número abrumador, sobre todo porque sabía que esas tres personas habían perdido la vida a escasas cuadras de mi casa. De la casa que resulta sagrada para mí.

Observé por una de las ventanas del edificio de oficinas en el que me encontraba y pude ver la columna de humo negro. Las imágenes en todos los medios me hacían evocar el mismo tipo de imágenes que guardo en mi cabeza sobre el once de Septiembre o sobre aquellas fotografías de Londres ardiendo en la segunda guerra. Y permítanme aclarar para no prestarme a malos entendidos. Me refiero a ese tipo de imágenes que te sacude los nervios, que te despierta, que te quema, que te jode.

Cuando llegué a mi casa después de sortear un tráfico evidentemente inusual y causado por la tragedia encendí la televisión. Todos los canales locales cubrían la nota. Reporteros hambrientos e insensibles a la tragedia hacían preguntas indiscretas, de evidente respuesta, de limón en la llaga, de morbo. Particularmente un reportero de apellido Plata. Cazando lágrimas. Causando lágrimas. “¿Entonces todavía no pierde la esperanza?” Le preguntaba a una mujer cuyo marido había quedado atrapado al interior de la casa de apuestas. ¿Qué esperaba oír?

En mi cabeza comencé a imaginar aquellos momentos de pánico. Mientras escuchaba a políticos de todos los niveles rechazar su responsabilidad en el asunto, responsabilizar públicamente a algún otro funcionario ó simplemente jugar al típico cantinfleo político de no contestar con un sí o un no determinante y sencillo ante preguntas que no requieren la inclusión de un contexto para responderse. Pareciera que a todos los enseñan a no comprometerse con nada.

Es un hecho tan lamentable y que sin duda resquebraja el corazón ya de por si marchito y roto de todo México. Siempre hay alguien que gana con todo esto. La muerte se ha vuelto el más rentable de los negocios. Esta nueva herida jode más por el terror que causa.

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Lectores de todas las generaciones abrevaron en el pensamiento de Monsi

Carlos Paul

Periódico La Jornada

Martes 21 de junio de 2011, p. 5

Participantes en el acto efectuado en memoria de Carlos Monsiváis, ayer, en el Museo del Estanquillo, en el Centro Histórico. Foto: María Luisa Severiano. Imagen: jornada.unam.mx

“Cuando uno lee ya no está solo. Leer es dialogar y cuando se dialoga la soledad se declara abolida.” Con esta reflexión de Carlos Monsiváis en la mente de los asistentes se inició la maratónica lectura en el Museo del Estaquillo como una muestra del pensamiento vivo y profundo respeto, admiración y cariño que los lectores de todas las edades y generaciones tienen al cronista.

Con el título Cada quien su Monsi y con un lleno completo de la terraza del Museo del Estanquillo, que alberga la colección de más de 15 mil piezas del autor de Días de guardar, arrancó este lunes a mediodía la lectura de fragmentos de algunas de las crónicas y ensayos escritos por Monsiváis, así como el deseo de compartir algunas anécdotas que una u otro de los asistentes vivió con Monsi, de quien el 19 de junio se conmemoró su primer aniversario luctuoso.

Recordar a Monsiváis fue evocarlo como aquel escritor con el don de la ubicuidad que lo situaría como el cronista del México contemporáneo.

Célebre fue el cariño que Monsiváis tenía por los gatos; por ello antes de iniciar la lectura se enlistó algunos de los nombres que Monsiváis puso a sus felinos, como: Monja beligerante, Rosa Luxembugo, Ansia de militancia, Evasión, Fetiche de peluche, Fray Gatolomé de las Bardas, Chocorrol, Miau Zetong, Miss Oginia, Miss Antropía, Mito genial, Caso Omiso, Peligro para México y Copelas o maúllas, entre otros nombres.

Defensor de la cultura popular

En otro momento, en Cada quien su Monsi, la escritora Sandra Lorenzano recuperó el interés que tenía el autor por la cultura y en particular por la cultura popular.

“Por primera vez en nuestro país dejamos de considerar a la cultura como la ‘alta’ cultura y nos dimos cuenta gracias a Monsiváis de que las artesanías, los boleros, los chavos banda, los feligreses yendo a la Basílica de Guadalupe el 12 de diciembre, el cine, las telenovelas, etcétera, también son cultura.”

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Carlos Monsiváis, el Adelantado

A continuación compartimos con ustedes el texto que Jenaro Villamil presentó en el homenaje por el primer aniversario luctuoso de Carlos Monsiváis, llevado a cabo hoy al mediodía en Bellas Artes.

Foto: EFE. Imagen: http://mexico.cnn.com/

Carlos Monsiváis es un caso extraño de conquistador que ya intuía y conocía las dimensiones de los territorios imaginarios, -intelectuales, culturales, periodísticos, sociales- antes de haberlos colonizado plenamente.

El  método de conquista de Monsiváis nunca fue la espada y la cruz, sino el humor y la inteligencia. Su rigor era periodístico por la precisión en los detalles, en la información, pero su alcance era más amplio por la complejidad de su prosa. En su obra, como en la amistad, no prevalecía el apapacho o la falsa amabilidad sino el desafío intelectual y el compromiso compartido.

La obra de Carlos Monsiváis es abierta, vital, provocadora, permanente. Aún dialoga con los jóvenes que recientemente han marchado con Javier Sicilia denunciando la irracionalidad de la doble violencia –verbal y física- que ha imperado en este sexenio; con quienes defienden aquí y en todo el mundo el derecho a ser diferentes, el respeto a sus opciones de vida como gays, lesbianas o transexuales; a quienes batallan por darle acceso a medicamentos, servicios de salud dignos e integridad moral a quienes viven con VIH; para quienes han migrado de sus lugares de origen y enriquecen la cultura de las ciudades donde viven y se niegan a ser el pretexto para campañas de odio xenofóbico; a quienes pelean por el respeto a la laicidad y están en contra de los prejuicios morales y de los intentos de uniformidad cultural; para los movimientos feministas y medioambientalistas; para quienes ejercen el periodismo crítico, cotidiano, a pesar de la autocensura imperante; para los insumisos que aún creen y luchan por una nueva dignidad.

Identifico cuatro ejes importantes en la vitalidad de la obra de Monsiváis que quiero reflexionar con ustedes:

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Tigres del Norte se niegan a dejar de “narrar la realidad en México”

Por Tomado de internet / Crónica

Día de publicación: 2011-05-19

Los Tigres del Norte dijeron el jueves durante la presentación de su álbum acústico para cadena MTV, que seguirán cantando las historias que narran la realidad en México, un día después de que el vocero de seguridad nacional celebrara la prohibición de los narcocorridos en el estado de Sinaloa.

El miércoles se dio a conocer que Sinaloa, al norte de México, prohibió la difusión de los temas sobre narcotraficantes, conocidos como narcocorridos, en establecimientos y presentaciones. El vocero de seguridad nacional Ajelandro Poiré celebró esta decisión en su cuenta de Twitter.

 Por su parte, el Congreso del estado de Chihuahua, también en el norte del país, aprobó un decreto a principios de mayo, que prohibe a la radio y televisión, promover artistas que interpreten narcocorridos. Al igual que en Sinaloa, la medida también impide que se interpreten esas canciones en conciertos.

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Monsiváis y la Ciudad de México.

Imagen: generacion.com.mx

El amor más lúdico, intenso y complejo de Carlos Monsiváis fue la propia Ciudad de México. Difícil imaginar la obra de este cronista y ensayista sin el contexto de la gran urbe. Por eso, a continuación compartimos con ustedes algunos de los muchos fragmentos escritos por el Gran Gato en relación con su ciudad, la nuestra.

Acompañamos cada fragmento con alguna anécdotas que a mí me tocó vivir con Monsiváis.

Palacio de Bellas Artes

He aquí la descripción de Monsiváis del mismo sitio donde ayer, domingo 20 de junio, fue despedido por cientos de sus amigos, admiradores y ciudadanos comunes:

(Proceso, No. 1457, 3-10-2004, “El Unico y su Propiedad: 70 Años del Palacio de Bellas Artes”).

“En 1934 se inaugura el Palacio de Bellas Artes, con un acto de gala y soireé. A todos asombra el edificio iniciado por el italiano Adamo Boari (en Nuevo Arte Decorativo Moderno), y concluido por el mexicano Federico Mariscal de Art Decó. A la monumentalidad del “pastel de bodas” (descripción típica) contribuyen su estructura de acero, la forma de embudo que logre la acústica conveniente, los 24 metros de longitud del escenario, la fachada de mármol de Carrara, las butacas (hechas en Francia), el mármol de Querétaro y Nuevo León, los trabajos escultóricos encomendados a artistas europeos, la cortina (de Tiffany) de mosaicos de cristal sobre lámina de acero (1 millón de cristales opalescentes). A esta opulencia el público debe corresponder –eso se espera- enriqueciéndose culturalmente “desde la apariencia”.

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