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Carta de la ex fiscal especial de violencia contra las mujeres al Presidente Felipe Calderón

Horas despues del asesinato de Marisela Escobedo, la ex fiscal especial de violencia contra las mujeres envió al Presidente Felipe Calderón la carta que a continuación se reproduce de forma exclusiva para este blog.

Señor Presidente:

Hace tres años, cuando renuncié a mi cargo como Fiscal Especial para la Atención a los Delitos Relacionados con Actos de Violencia contra las Mujeres de la PGR, hoy FEVIMTRA, señalé con toda claridad que lo hacía por vergüenza de pertenecer al corrupto sistema de justicia de nuestro país. Hoy, esa vergüenza vuelve a quemarme la piel y la conciencia, por eso, no puedo sino unirme a la indignación de todas las mujeres de este país que, después de conocer la noticia del asesinato de Marisela Escobedo Ortiz y de las agresiones que han sufrido estos últimos días su familia, exigen justicia; me uno a ellas denunciando con toda la energía de que soy capaz, la corrupción que se esconde tras cientos de palabras huecas sobre las políticas públicas para garantizarnos, a todas las mujeres, una vida libre de violencia, en especial, las políticas en materia de justicia.

No basta que pinten de color rosa todos los transportes públicos en todas las ciudades del país; no basta que se construyan cientos de refugios para mujeres víctimas de violencia; no basta que proporcionen “lámparas de luz ultravioleta” a todos los ministerios públicos del país, atendiendo la recomendación de la “novedosísima” propuesta de un protocolo de investigación para feminicidios; no basta que se propongan y construyan centros de justicia para las mujeres, si todo esto se inserta en el mismo esquema de justicia misógino que padecemos hoy en día y se esconde detrás del absoluto desinterés de las autoridades por atender el problema.

Tres jueces: Catalina Ochoa Contreras, Netzahualcóyotl Zúñiga Vázquez y Rafael Boudid del Tribunal Superior de Justicia de Chihuahua consideraron que no se habían logrado probar ni la verdadera causa de la muerte de Rubí Marisol, ni la historia de violencia que ella había sufrido a manos de Sergio Rafael Barraza, a pesar de su propia confesión ni “se acreditó la conducta que lo orilló a matarla. Como si no lo supiéramos, como si no fuera universalmente sabido, probado y aceptado más allá de toda duda, que la causa está en las relaciones abusivas de poder, esas que no saben reconocer en los tribunales o en las procuradurías. Es más, ni siquiera la saben reconocer en las diferentes comisiones que se han creado para diseñar políticas públicas para erradicar la violencia de género contra las mujeres en nuestro país. La verdad es que la mayoría de las autoridades de este país, ni ven, ni oyen ni les interesa hacer nada para erradicar esta violencia y los asesinatos de Marisela y de Rubi, no son sino una trágica y vergonzante prueba de ello.

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