Martínez Verdugo, El Machete sigue su Camino

Jenaro Villamil

Arnoldo Martínez Verdugo 01Hubo una época en que ser político era un asunto de congruencia y compromiso. Aún más, hubo una época que militar en la izquierda mexicana significaba vivir en la clandestinidad, pobre, al margen de los grandes salones de la élite. Hubo una época que se hizo una campaña presidencial a través de un autobús llamado El Machete, y no con spots, ejército de asesores y mercadólogos y telepromter.

A esa época perteneció Arnoldo Martínez Verdugo, quien falleció el pasado viernes 24 de mayo a sus 88 años. Martínez Verdugo fue un personaje central de la transición mexicana, aunque nunca buscó protagonismo y la propia izquierda se haya olvidado de la principal lección de este militante del Partido Comunista desde 1946: la apuesta por la unificación y no por la disgregación fortalece a quienes luchan por eliminar la desigualdad.

Martínez Verdugo constituyó una leyenda entre los comunistas mexicanos e internacionales. Obrero, oriundo de Mocorito, Sinaloa, Martínez Verdugo se afilió en 1946 al Partido Comunista Mexicano. En 1963, al final del sexenio de Adolfo López Mateos, se integró al Comité Central, hasta 1981, año en que el PCM se convirtió en el motor de un nuevo organismo: el Partido Socialista Unificado de México, antecedente más importante del PRD actual.

Como líder de los comunistas mexicanos, Martínez Verdugo fue el único que condenó la invasión de las tropas soviéticas a Checolsovaquia, en 1968. La Primavera de Praga dejó profundas lecciones para los comunistas, en plena guerra fría: era necesario eliminar las peores lecciones del estalinismo para recuperar la idea esencial de un partido liberador.

No fue bien visto por los dogmáticos de entonces. Martínez Verdugo también impulsó un improbable diálogo entre marxistas y cristianos, en plena época de impulso a la Teología de la Liberación, en los años setenta, y se sentó con el ex secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, en 1979, para que el PCM dejara el clandestinaje y se convirtiera en un partido legalmente reconocido.

En 1982 fue el primer candidato presidencial de las izquierdas recién unificadas. El PSUM fue el resultado de la unificación del PCM, del Partido Socialista Revolucionario (PSR), del Movimiento de Acción Popular (los famosos mapaches con cuadros tan importantes como José Woldenberg, Carlos Pereyra o Rolando Cordera), el Partido del Pueblo Mexicano y el Movimiento de Acción y Unidad Socialista (MAUS). Sólo faltaron en ese primer esfuerzo el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), fundado por Heberto Castillo y Demetrio Vallejo junto con decenas de líderes del 68, y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), heredero de la corriente trotskista en México.

Martínez Verdugo obtuvo más de 700 mil votos, mínimos si se comparan a los 16 millones de sufragios que obtuvo Andrés Manuel López Obrador en 2012, pero toda una gesta si tomamos en cuenta que el PSUM no tenía recursos, la televisión borraba todo lo que oliera a izquierda, no habían cargos públicos ni prerrogativas millonarias como ahora.

En 1987, el PSUM se convirtió en impulsor de otro partido que unificara a las izquierdas: el Partido Mexicano Socialista. A él se sumaron el PMS, el PRT y otras corrientes que dieron lugar al PMS. Martínez Verdugo fue impulsor de este nuevo esfuerzo. Ese año, el candidato presidencial fue Heberto Castillo, el legendario ingeniero fundador del PMT.

La ola neocardenista surgida de la escisión de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y otro puñado de ex priistas, provocó la necesidad de una nueva unificación de las izquierdas. Martínez Verdugo no tuvo duda de apoyar a Cárdenas y pedirle a Castillo que declinara. El PMS se sumó tarde a la campaña de Cárdenas, pero luego fue el eje de la fundación en 1989 de un nuevo partido: el PRD.

Ya como militante perredista, Martínez Verdugo fue delegado de Coyoacán en 1997, a raíz de la primera victoria del PRD en las elecciones del Distrito Federal. Fue enemigo de apoyar a Vicente Fox en los comicios del 2000, y mantuvo siempre la tesis de que el comunismo debía mantenerse por la vía democrática sin confundir esto con el oportunismo o con el exceso pragmatismo.

En los últimos años, víctima de múltiples dolencias, Martínez Verdugo tuvo muy pocas apariciones en público. En todas, recordó y reiteró siempre la necesidad de una izquierda moderna, que no abandonara los principios socialistas y que le apostara a la unidad, más que la sociedad con el PAN o con el PRI.

Sus lecciones, después de 88 años de vida, aún están por digerirse y procesarse. Martínez Verdugo se ha ido de este mundo, pero El Machete aún sigue su marcha.

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