El Artista, de la Nostalgia a la Metáfora Cinematográfica

Jenaro Villamil

Desde la primera escena sabemos que nuestro protagonista no pronunciará una sola palabra en la cinta. El actor George Valentin (interpretado por el francés Jean Dujardin) es torturado con electroshocks para que confiese. “¡Habla, habla!”, le indican sus torturadores. Él se mantiene en silencio. Y sale airoso de ese episodio con la ayuda de su coprotagonista, el perro Uggy. Se levanta el telón. El público de la sala se siente transportado y aplaude cuando aparece el actor-personaje real.

Vemos así una escena de las últimas películas del consagrado Valentin, una celebridad del cine mudo de Hollywood, con guiños inevitables a la sonrisa, el bigote y el carisma de Douglas Fairbanks, legendario personaje de las películas  silentes que quedó en el olvido de las nuevas generaciones.

Con esta metáfora, el director Michel Hazanavicius nos introduce a la historia de The Artist. A partir de la tragedia personal de George Valentin recrea con nostalgia el tránsito del cine silente al cine sonoro. Ilustra la decadencia del viejo artista con la crisis económica provocada por el crack bursátil de 1929 que coincide con el ascenso de las historias rosas, aspiracionales y fantásticas en el cine de los años treinta. En perfecto contrapunto, el galán más afamado de los estudios Kinegraph va descendiendo en los escalones de la depresión y el orgullo herido, al tiempo que su fan, perseguidora enamorada, la actriz extra Peppy Miller (interpretada por Bérénice Bejo), se convierte en una nueva luminaria, gracias a la apuesta del productor ambicioso (un extraordinario John Goodman) para triunfar en el cine hablado.

Lo obvio en The Artist resulta lo mágico de esta cinta nominada a 10 premios Oscar. Es una película muda, en blanco y negro, que desafía a los espectadores de las audiencias del cine digital, acostumbrados a grandes efectos especiales, a un ritmo vertiginoso y a imágenes tridimensionales para decirles: éste es el cine de siempre, el que sabe contar una historia, simple, trágica, cómica o melodramática, pero que no renuncia a ese secreto. En este caso, es la historia del cine dentro del cine.

Sigue leyendo.

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