El Renacimiento de La Gioconda

Jenaro Villamil

Por si no bastara su categoría de retrato más famoso del mundo occidental, con poco más de cinco siglos de peripecias que incluyen un robo en 1911, el intento de “privatización” de Napoleón y cientos de estudios sobre la enigmática sonrisa que plasmó el genio de Leonardo Da Vinci, La Gioconda volverá a ser en estos días el centro de atención a partir de la restauración y exhibición de su “gemela”.

La Gioconda Bis no es una parodia como las que hicieron Marcel Duchamp que resignificó el ícono renacentista con bigotes, o Salvador Dalí que no resistió estar excluido del paisaje de la esposa de Francesco Bartolomeo, o Fernando Botero que la pintó tan gorda, deforme y voluminosa para acercarse a otra manera de la belleza referencial.

Se trata de una “gemela” o réplica del cuadro original de Da Vinci, elaborado al mismo tiempo, entre 1503 y 1510, por alguno de los pupilos del genio renacentista italiano. Es la pintura dentro de la pintura. Otra manera de ver, simultáneamente, a la misma modelo, de aplicar la técnica del sfumato que volvió a la pintura renacentista en inmortal. Es el complemento, la némesis y, al mismo tiempo, el referente que engrandece a la original.

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Una respuesta a “El Renacimiento de La Gioconda

  1. Por supuesto que no me gustó la gemela, me quedo con el original, me provoca tantas emociones sublimes que no lo cambio por nada, es más las colas para verla, no me importan.

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