Ciudad Juárez y Norma Andrade, la Impunidad del Feminicidio

Jenaro Villamil

La activista Norma Andrade sufrió el día de ayer un segundo atentado. Foto/Fuente: http://www.diario.com.mx/

Reportear en Ciudad Juárez es enfrentar la esperanza, el temor y la dignidad de sus habitantes. También es sentir la permanente impotencia frente a la violencia institucionalizada: la de los juniors millonarios tan mencionados en películas como Bajo Juárez, o en libros como Cosecha de Mujeres, Huesos en el Desierto, Murder City; la de cuerpos policiacos y militares coludidos con los cárteles y con los juniors (en Juárez suelen ser lo mismo); las promesas reiteradas desde el gobierno panista de Francisco Barrio hasta la administración actual del priista César Duarte.

Reportear en Juárez es encontrarse con mujeres de una valentía extraordinaria como Norma Andrade. Morena, intuitiva, de origen muy humilde, Norma inició desde 2001 una batalla en un camino sin retorno para atrapar a los responsables del asesinato brutal de su hija Lilia Alejandra, de 17 años, secuestrada, torturada sexualmente, decapitada y asesinada en ese año.

Desde sus entrañas se amotinó. Norma fundó junto con otros activistas y sociólogos de Ciudad Juárez, como Alfredo Limas, la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa, para aglutinar a decenas de madres y familiares que, como ella, se negaban a asumir la verdad oficial del crimen de su hija: ella fue “corresponsable” de su destino; los asesinos materiales eran unos malvivientes y la “gente decente” con apellidos pudientes como los Zaragoza, los Fuentes y la mezcla entreverada de estos potentados del gas, las lecherías y dueños de la frontera, no tenían nada qué ver.

Su insistencia y lucha la llevó a ser candidata a diputada federal del PT en 2003, llevó el caso de su hija ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, junto con otras madres de las víctimas del campo algodonero, símbolo infame del feminicidio institucionalizado en Juárez. Andrade sufrió el embate gubernamental para dividir a las madres, para corromperles el duelo y la lucha, para cerrarles cualquier posibilidad de esperanza en la justicia.

Sigue leyendo.

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