De Fox a Peña Nieto, Políticos de Pantalla

Jenaro Villamil

Lo sucedido con el librogate de Peña Nieto y la secuela de errores cometidos para “frenar” la ola de mensajes irónicos y de críticas en redes sociales confirmaron no sólo la incultura del precandidato priista sino la continuidad de una tendencia iniciada con Vicente Fox, el presidente de la decepción.

La alternancia por la vía del PAN llevó a Los Pinos a un hombre hábil en la mercadotecnia política, antisolemne en medio de los rituales y la retórica priistas y encandiló a la mayoría de electores con su promesa del cambio y su imagen de políticoMarlboro. Con Vicente Fox se llegó a la cumbre de la política telegénica: la imagen por encima del programa, el desplante humorístico, el spot que sustituye al discurso coherente. La jefa de Comunicación Social fue elevada a la categoría de vicepresidenta. Y Televisa estuvo a sus pies a cambio de poderosos favores (canales digitales, decretazo y renovación de las concesiones hasta el 2021, en automático).

La ecuación cambió desde ese momento: el poder que perdió la presidencia durante la era foxista lo ganó una empresa televisora y otros poderes fácticos porque supieron capitalizar la vulnerabilidad del primer mandatario. Y ese talón de Aquiles se llamó déficit de inteligencia.

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