Granados Chapa por Granados Chapa

Jenaro Villamil

El axioma del periodista Miguel Angel Granados Chapa fue muy claro: “los periodistas no pueden, ni deben, ser socios de los políticos. Por eso, a la larga, cada periodista está en el lugar que se merece. Y la gente lo sabe”.

Esta frase le dio título al libro de conversaciones e intervenciones más importantes de Miguel Angel Granados Chapa, editado a finales de 2010 por la colección Cuadernos de El Financiero, coordinada por el periodista Víctor Roura.

Como una manera de homenaje al autor de la Plaza Plública, al conductor constante del programa radiofónico del mismo nombre en Radio UNAM, al editor, reportero, cronista, subdirector de Información y maestro de decenas de generaciones de periodistas exponemos a continuación algunas de las principales ideas que Granados Chapa expone en este libro periodístico:

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Una respuesta a “Granados Chapa por Granados Chapa

  1. Guilelrmo Bermúdez

    La Jornada debe una explicación a sus lectores sobre el tratamiento que decidió darle al fallecimiento de uno de los mayores periodistas de nuestros tiempos, si no es que el más grande: Miguel Ángel Granados Chapa, uno de los protagonistas de la fundación de este diario. En la edición de hoy, los lectores no encontramos, como esperábamos, su foto en la portada. Tampoco en la contraportada. Ni un crespón de luto en la Rayuela. Arrumbada entre las notas secundarias de la sección “Política”, la escueta noticia fue a parar a la página 15. En Internet, sospechosamente, borraron “todos los comentarios que pusimos en La Jornada en Internet, desde que conocimos la noticia sus dolidos y
    agradecidos conciudadanos”, como denuncia uno de sus indignados lectores que clamaba en un nuevo comentario publicado porque ese diario “estuviera a lado de la verdad, junto a los ciudadanos, no de la mezquindad”. Varios de los lectores se manifiestan sorprendidos de esa decisión editorial y no se la explican. En lo personal, no encuentro otra razón para explicar esta demostración de falta de sensibilidad e inteligencia de este diario (hasta hoy respetable para mí) que los motivos del maestro Granados Chapa para salir de La Jornada: su oposición a que se modificaran los estatutos del periódico para permitir una tercera reelección de Carlos Payán como director, lo que demostró incongruencia entre el decir y el hacer de sus directivos de entonces. Algo que, está visto, nunca le perdonaron aquéllos ni los de ahora, herederos de esa ignominia. Qué decepción me produce la miseria humana que despliega hoy un diario que suponía más grande y, en vez de eso, no puede disimular su mezquindad. La censura (eufemísticamente llamada “moderación”) de mi comentario enviado a La Jornada no hace más que confirmar lo que aquí afirmo.

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