De Cantinflas a Mario Moreno

La Jornada

Víctor Ugalde

Mario Moreno frente a un cuadro de Deschlar, ca. 1953. Foto: Fondo Hermanos Mayo/AGN, tomada de la revista Zonas. Fuente: jornada.unam.mx

Durante décadas, decir cine mexicano era mencionar a Jorge Negrete, Pedro Infante y Cantinflas. El mundo los reconocía como nuestros grandes embajadores culturales, y el pueblo mexicano y latinoamericano los veía como sus ídolos indiscutibles.

Los dos primeros, porque eran la aspiración del ser varonil y además dulce sueño de las mujeres; el último, por ser el campeón de los desposeídos, de los desarrapados. Donde ellos estuvieran las multitudes los abrazaban y sus obras fílmicas se consumían a manos llenas. Como se decía en ese entonces en el medio fílmico, eran cheques al portador.

Con motivo de los 100 años del nacimiento de Mario Moreno Cantinflas, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes impulsó una abrumadora campaña publicitaria. Bien, se lo merece. Fue un ídolo y por eso merece ser recordado.

El peladito Cantinflas es una de las pocas figuras fílmicas mexicanas que trascendió las fronteras y el tiempo. Homenajes como estos también se los merecen los otros ídolos populares, sobre todo Jorge Negrete, quien nació el mismo año. Quiso la diosa fortuna ponerlos nuevamente frente a frente por la contienda del lugar de honor, tal como sucedió en su momento al disputarse la secretaría general de la Asociación Nacional de Actores y la del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica, en 1948, hecho que dio inicio a su distanciamiento; pero ésa es una historia tan apasionante que se las narraremos próximamente.

Con tanto homenaje, las figuras que lo citan lo pintan con una serie de características que tienden a pensarlo como un santón, un hombre sin defectos y un líder inmaculado. Personalidad que el gran cómico dista mucho de haber tenido; valgan como ejemplo sólo dos botones:

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Una respuesta a “De Cantinflas a Mario Moreno

  1. Solo sus 3 primeras películas fueron buenas (de protesta social), las demás unos pésimos churros gubernamentales, trató de justificar a la dictadura presidencial, diciendo que los presidentes no eran malos, sino que los engañaban sus subalternos y por tanto no eran responsables de sus malos actos de corrupción y se convirtió en un gris actor comercial, por supuesto nadie le creyó

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