Telmex-Televisa, los Antecedentes de la Disputa (Segunda Parte)

Fragmento del Capítulo III del libro “El Sexenio de Televisa”, Editorial Grijalbo 2010.

Jenaro Villamil

El 18 de marzo de 2010, Televisa, Telefónica y Megacable anunciaron su alianza para participar de manera conjunta en la licitación del par de hilos de fibra óptica oscura de la Comisión Federal de Electricidad. En abril, las autoridades de la SCT confirmaron que las tres empresas eran los únicos oferentes y en junio el gobierno de Felipe Calderón prácticamente aplicó una adjudicación directa a favor de este consorcio tripartita por 850 millones de pesos, una cantidad mucho menor a los cerca de 2,500 millones de pesos del valor real de la fibra óptica licitada ( Proceso, No. 1752).

El comunicado conjunto advirtió que “esta nueva red de fibra óptica representará tanto para Televisa, Telefónica y Megacable, como para terceros, una alternativa de acceso a transporte de datos, generando una mayor competencia en el mercado de las telecomunicaciones en México, y por lo tanto, una mejora en la calidad de los servicios ofrecidos”.

El interés de Telefónica por la fibra óptica proviene de la época de Gil Díaz como titular de Hacienda. El autorizó una inversión extraordinaria de 30 mil millones de pesos del presupuesto público, vía contratos anuales, para construir las rutas de fibra óptica en la CFE.

“Compartiremos la infraestructura de la red de CFE, pero no nos desgarraremos por el mercado y los usuarios”, afirmó Gil Díaz, en su calidad de CEO de Telefónica durante la 27 Reunión de Iberoamérica de Tráfico Internacional.

Según Gil Díaz, “al ganar ese concurso, Telmex dejará de ser la única empresa con una red por la que todos los operadores tienen que pagar para transportar sus servicios”.

Por su parte, Televisa y Megacable, socios en la estrategia de servicios de triple play conocida como Yoo, participaron conjuntamente, a cambio de no competirse en la licitación de la banda 1.7 Ghz, conocida como la licitación 21, orientada a beneficiar a Televisa y su socia Nextel.

Lo sorprendente fue que tanto la Comisión Federal de Competencia como la Cofetel autorizaran esta sociedad y nulificaran una verdadera competencia por la licitación de la fibra óptica de la CFE. Lo mismo sucedió con la licitación 21 que generó un escándalo mayúsculo en el sector de telecomunicaciones por la “ganga” con la que las autoridades de telecomunicaciones le entregaron a la sociedad de Televisa-Nextel el espectro con mayor valor para para los próximos veinte años.

Desde finales de 2009 era muy clara la tendencia para favorecer la victoria de Televisa en los dos procesos de licitación más importantes en materia de telecomunicaciones: el de la fibra óptica de la CFE y el de la banda 1.7 para telefonía móvil. Con ambos casos, la empresa de Azcárraga Jean se colocará al frente de las nuevas tendencias de la convergencia tecnológica entre medios electrónicos, internet, telefonía y movilidad (el cuádruple play).

Ante la ola de críticas que se generaron en las columnas periodísticas y entre legisladores especializados en el tema, los vicepresidentes de Televisa, Bernardo Gómez y Alfonso de Angoitia, reaccionaron públicamente, pero  desde una conferencia realizada en Nueva York.  Era claro que los principales colaboradores de Azcárraga Jean hablaban para sus inversionistas norteamericanos.

Gómez afirmó que las versiones en contra de Televisa eran “fantasiosas y mal intencionadas”, mientras De Angoitia vio una conjura cuyos protagonistas no identificó claramente: “hay varios interesados en que no se liciten esas frecuencias, o en que éstas cuenten con el menor atractivo posible, ya que implicará mayor competencia en la industria de telecomunicaciones” (Milenio Diario, 26-octubre 2009).

De Angoitia fue realmente el cerebro de la operación financiera y política para lograr que Televisa ganara en ambas licitaciones. Otro personaje importante en el diseño y gestión es el vicepresidente de Administración y Finanzas del corporativo, Salvi Folch Viadero. De Angoitia y Folch protagonizaron las llamadas y presiones tanto a legisladores como funcionarios de organismos reguladores y, por supuesto, en Los Pinos en el último tramo de las licitaciones (Proceso, No. 1764). Folch jugó un papel clave en la renegociación y disminución de la deuda del Grupo Alameda, entre 1998 y 1999, desde su cargo como vicepresidente de supervisión de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

El 16 de agosto de 2010, tras un tortuoso proceso de deliberación, dos de los cinco comisionados de la Cofetel –Mony de Swaan, recién estrenado como presidente del organismo y Gonzalo Martínez Pous, ex director jurídico de SCT y ex colaborador de Gil Díaz- aprobaron que por 180.3 millones de pesos, la sociedad formada por Televisa-Nextel se quedara con el único bloque de 30 Mhz de cobertura nacional para los servicios de telefonía móvil convergente con el triple play.

La polémica licitación fue una cadena de decisiones que confirmaron el favoritismo del gobierno de Calderón hacia para Televisa. De entrada, la Comisión Federal de Competencia definió que sólo se podrían licitar 90 Mhz divididos en tres bloques de 10 Mhz y dos de 30 Mhz. Puso un candado competitivo señalando que no podían concursar por los dos bloques de 30 Mhz aquellos agentes que llegaran a acumular más de 80 Mhz. Este candado eliminaba a Telcel, Telefónica y Iusacell (que acumularían más de 80 Mhz), mientras que beneficiaba a los dos únicos “agentes entrantes”: Televisa y Nextel.

En paralelo, el 5 de noviembre de 2009 el Congreso aprobó la exención fiscal para las empresas que compitieran por la licitación 21, lo que representaba un privilegio fiscal por 5 mil 600 millones de pesos, de los cuales 1,800 millones de pesos fueron para Televisa.

En diciembre del mismo año, la Cofetel dio a conocer las bases de licitación que fueron impugnadas solamente por José Luis Peralta, el único de los cinco integrantes del organismo regulador que advirtió con suficiente antelación que esas bases eran discriminatorias y sugirió que se modificaran. Las bases de licitación no se modificaron y la empresa Iusacell, propiedad de Ricardo Salinas Pliego, interpuso varios procesos jurídicos. Dos jueces le ordenaron a la SCT que como medida cautelar se suspendiera la licitación. Esta decisión provocó que otro comisionado, el ex senador priista Ernesto Gil Elorduy, decidiera abstenerse en la prolongada sesión del 16 de agosto de 2010.

El tercer comisionado discordante fue Rafael del Villar, quien sorprendió a sus otros colegas cuando en aquella reunión del lunes 16 de agosto presentó un extenso documento de 170 cuartillas argumentando que hubo “desinformación” en proceso de licitación y que después de tres meses de haberse iniciado la adjudicación, él se dio cuenta que era necesario cambiar las bases por favorecer a Televisa y Nextel (Proceso, No. 1764).

Dos ex subsecretarios de Comunicaciones, Jorge Alvarez Hoth y Purificación Carpinteyro, criticaron ampliamente esta decisión. Alvarez Hoth, artífice del Acuerdo de Convergencia durante el tramo final del sexenio de Fox, afirmó que esta licitación y todas las medidas para favorecer a Televisa en el triple play son “el resultado de un acuerdo del gobierno de Felipe Calderón con Televisa con miras al proceso de sucesión de 2012” (Ibid).

A su vez, Purificación Carpinteyro, subsecretaria durante el periodo de Luiz Téllez al frente de la SCT comparó esta licitación con la aprobación de la Ley Televisa y consideró que se trató de “más alimento para el monstruo” (Ibid).

La Contraofensiva de Slim

El 21 de julio de 2010, el director de Telmex, Héctor Slim, afirmó en conferencia telefónica con inversionistas que “el incumplimiento del Acuerdo de Convergencia firmado hace cuatro años con la SCT impide que en el país haya una competencia en servicios convergentes”. Y dio cifras: al segundo trimestre de 2010, los ingresos de Telmex disminuyeron 4.6 por ciento, respecto al mismo periodo de 2009, como consecuencia de la falta de competencia en el triple play.

Acostumbrado al juego rudo, Carlos Slim y sus hijos articularon en 2010 una  contraofensiva frente a la docilidad del gobierno de Felipe Calderón ante las presiones de Televisa y el incumplimiento del compromiso adquirido en el Acuerdo de Convergencia. En esta contraofensiva, la principal amenaza del magnate radica en retirar sus inversiones de México y presionar a través de mecanismos bursátiles, tan bien conocidos por el creador de Inbursa.

El 14 de enero de 2010 la filial de telefonía celular a nivel latinoamericano, América Móvil (con 250 millones de suscriptores en 18 países) anunció una reestructuración para intercambiar acciones y absorber a Carso Global Telecom y a Telmex Internacional. Esta decisión convierte a América Móvil en el cuarto holding de telecomunicaciones a nivel mundial, por debajo sólo del gigante China Mobile, con 518 millones de usuarios, de la inglesa Vodafone, con 303 millones, y muy cerca de la española Telefónica, con 268 millones de usuarios.

Con excepción de México, las empresas de Slim –catapultado ya como el hombre más millonario del mundo- pueden dar los servicios convergentes de audio, internet y televisión restringida en las otras naciones donde operan, especialmente en Brasil, país que puede convertirse en la próxima sede de las operaciones de América Móvil.

De acuerdo con cifras de analistas bursátiles de Banamex e Ixe, Brasil representará el 32.1 por ciento de los ingresos del emporio de telecomunicaciones de Slim, desplazando a México que se quedaría con el 29 por ciento de participación y, en un lejano tercer sitio, Colombia y Panamá con casi 10 por ciento. Tan sólo entre septiembre de 2008 y septiembre de 2009, el mercado de suscriptores de Brasil pasó de 35.6 millones a 42.27 millones de suscriptores para América Móvil, lo que representa una tasa de crecimiento de 18.5 por ciento, más del doble del 7.3 por ciento registrado en México.

La amenaza de migrar sus inversiones y desacreditar así la política económica del gobierno panista se ha mantenido. En conferencia de prensa realizada el 20 de enero de 2010, Slim se quejó: “Telmex opera en 18 países y sólo en uno de ellos (México) tenemos problemas jurídicos” (Proceso, No. 1734).

En aquel encuentro con reporteros mexicanos Slim negó que la operación de fusión de Carso Global Telecom y Telmex Internacional representara la creación de un nuevo holding. “El holding soy yo”, sentenció.

Sin embargo, fue muy explícito al reconocer que, a diferencia de otras naciones, en México no se le ha permitido a Telmex ingresar al triple play.

-Dicen que Telmex es un monopolio y hay 500 operadores en el país; le dicen monopolio y no puede ofrecer servicios de televisión. Es un discurso. Claramente no compartimos esa opinión –abundó Slim.

Sin mencionar explícitamente a Televisa, Slim insistió que “desgraciadamente, no ha habido esa convergencia en México, a diferencia de otros países de América Latina. Por eso no nos quedaremos cruzados de brazos”.

La contraofensiva también incluye el apoyo para financiar a nuevos canales de televisión restringida a nivel latinoamericano hasta operaciones bursátiles muy astutas para recordarle a su principal adversario, Televisa, que puede acceder a información confidencial.

“En contenidos, nos interesaría apoyar un History Channel o un canal similar a National Geographic, pero sobre América Latina. Nos gustaría promoverlo”, afirmó Slim, advirtiendo así que él puede financiar canales de televisión restringida en el continente, aunque no le permitan tener una red propia de distribución de televisión por cable en México.

El más reciente desencuentro entre Televisa y Telmex se produjo en julio de 2010. Televisa demandó a la correduría JP Morgan por venderle al Grupo Inbursa un 90 por ciento del crédito de 225 millones de dólares de Cablevisión, su principal empresa de televisión por cable. El crédito originalmente se dio en 2007 y fue el que le permitió a Cablevisión adquirir la empresa telefónica Bestel.

El juez Jed S. Rakoff falló a favor de Televisa señalando que JP Morgan no puede vender o transferir ninguna forma de crédito “a cualquier entidad controlada o afiliada con Carlos Slim Helú”.

Los voceros de Televisa afirmaron que a través de estas maniobras financieras, Slim podía tener acceso a información confidencial de su estrategia de telecomunicaciones.

En respuesta, el vocero corporativo de Telmex, Arturo Elías Ayub reviró diciendo que la familia Slim tiene entre el 40 y 45 por ciento de las acciones de Cablevisión, a través de Inbursa, lo cual le daba el derecho a tener 4 asientos en el Consejo de Administración de la empresa cablera.

Parte de la contraofensiva de Slim son sus recientes inversiones en medios norteamericanos, como la adquisición del 11 por ciento de The New York Times, uno de los rotativos con mayor influencia en la opinión pública y en los negocios de Estados Unidos y con intereses en el mercado del triple play. El mote de Mr. Monopoly, que tanto molesta al dueño de Grupo Carso, no ha impedido su expansión hacia el mercado del país vecino.

Y en este terreno, Slim le pisa los talones a una añeja ambición de la dinastía Azcárraga: convertirse en accionistas y propietarios de los medios de comunicación de Estados Unidos, especialmente aquellos orientados a la población de habla hispana.

Por otro lado, resulta paradójico que entre los 15 anunciantes más fuertes en inversión publicitaria en televisión se encuentren las dos grandes compañías de Slim: Telcel y Telmex. Según los datos de la compañía KP Central Media, en 2009, Telcel fue el tercer cliente con una inversión de 2 mil 356 millones y Telmex ocupó el décimo tercer sitio con 1 mil 117 millones 657 mil pesos. Entre ambas compañías suman casi 3 mil 500 millones de pesos en inversión publicitaria, lo cual las convierte en el músculo más importante de Grupo Carso para hacer sentir su capacidad de presión si la guerra con Televisa se traduce en un boicot publicitario.

Ambos gigantes saben que se necesitan mutuamente. Televisa tienes las redes de distribución de contenidos audiovisuales más importantes y Grupo Carso el poder financiero para sostener la inversión publicitaria privada en medios electrónicos. El desenlace de este divorcio entre ambos monopolios aún es desconocido, pero es muy claro que en este sexenio, la compañía de Azcárraga Jean ha avanzado en los terrenos que antes eran dominio completo de Slim.

El Affaire de Univisión

Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, recibió un duro golpe el 8 de enero de 1986 cuando el juez norteamericano John Conlin resolvió que a través de su socio y prestanombres René Anselmo, el accionista principal de Televisa controlaba la red de estaciones televisivas y radiofónicas conocidas como SIN/SICC, orientadas hacia la población hispanohablante en Estados Unidos, una comunidad entonces de 22 millones de personas, incluyendo a los indocumentados.

El fallo del juez obligó a El Tigre a replantear su estrategia de expansión hacia el territorio estadounidense y vencer el candado legal de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) que prohíbe que un extranjero posea más del 25 por ciento de las acciones de una concesión de medios electrónicos. Azcárraga Milmo coqueteó con la posibilidad de adquirir la nacionalidad norteamericana, a cambio de vencer ese impedimento jurídico. Fue la época en que Miguel Alemán Velasco se quedó al frente de Televisa por un periodo de sólo 10 meses durante el sexenio de Miguel de la Madrid.

La situación en Estados Unidos desembocó en la ruptura entre René Anselmo y Emilio Azcárraga y la búsqueda de un nuevo socio para transformar el Spanish International Network (SIN) en el germen de la cadena Univisión. El Tigre se acercó a Joe Perencchio, un decano hombre de negocios vinculado a la industria fílmica de Hollywood y con reputación como “genio de las finanzas”.

Azcárraga Milmo y Perencchio acordaron una sociedad por 350  millones de dólares para fundar una nueva cadena que distribuyera en Estados Unidos los contenidos televisivos producidos en México. El tercer accionista fue Gustavo Cisneros, el otro magnate de medios electrónicos en América Latina, dueño de Venevisión.

El esquema no sonaba mal: ante la imposibilidad legal de que Azcárraga Milmo tuviera el control de la empresa en Estados Unidos, Perencchio asumió el control de la nueva compañía frente a las autoridades norteamericanas. La familia Azcárraga tuvo el 11 por ciento de las acciones de Univisión, mientras que Perencchio adquirió en abril de 1992 el 75 por ciento del grupo por 550 millones de dólares.

En 1992, Televisa y Univisión firmaron un contrato de exclusividad para proveer contenidos televisivos a la cadena norteamericana. Ese mismo contrato se renovó en 2001 con un plazo hasta 2017.

Gracias a las telenovelas, los partidos de futbol y los espectáculos musicales con el sello característico de Televisa, Univisión alcanzó a controlar entre el 60 y el 65 por ciento de las audiencias hispanas y se transformó en la cuarta cadena televisiva más importante, detrás de NBC, CBS y ABC. Su competencia, la pequeña empresa Telemundo, radicada en Miami, no pudo sobrepasar el 30 por ciento de las audiencias hasta que sobrevino la crisis entre Perencchio y el heredero de El Tigre.

Azcárraga Jean heredó la misma ambición de su padre, pero también la soberbia derivada de su condición monopólica en México. El Tigrillo quería demostrar que él sí iba a concretar la meta de ser un poderoso magnate de la televisión en Estados Unidos y no limitarse a su papel de proveedor de contenidos, pero también el mal tino de pretender conducirse en los ámbitos norteamericanos con la misma soberbia con la cual Televisa domina en México.

“Estados Unidos es nuestro principal objetivo”, declaró Azcárraga Jean, en septiembre de 2005 durante una reunión con académicos de la Universidad de Wharton (El Universal, 15 de septiembre de 2005). Dos años antes le confió al reportero Joe Contreras, de la revista Newsweek, que estaba dispuesto a adoptar la ciudadanía estadounidense con tal de promover los negocios de Televisa en el país vecino.

“Si la ciudadanía (estadounidense) es el camino, entonces que así sea”, afirmó Azcárraga Jean (Newsweek, marzo de 2003).

Al igual que su padre, Azcárraga Jean comenzó a tener problemas con su socio norteamericano. Los conflictos iniciaron en 2001 cuando Univisión amplió su cobertura al adquirir 13 nuevas estaciones de televisión por 1,100 millones de dólares y Televisa sintió que el nuevo suculento pastel de la cadena norteamericana (con un total de 31 estaciones de televisión, 68 de radio y la cadena en español Telefutura) debía pertenecer al consorcio mexicano porque el éxito se debía a sus contenidos y no a la conducción de Perencchio. La soberbia nuevamente dominó al Tigrillo.

Entre 2005 y 2004, Azcárraga Jean decidió que la sociedad en Univisión era más benéfica para la parte norteamericana que para Televisa. Buscó adquirir un control mayor en el manejo de Univisión, a raíz del anuncio de Perencchio, hombre de más de 70 años, de vender su paquete accionario. Azcárraga Jean coqueteó con la posibilidad de adquirir la nacionalidad norteamericana y transferir su residencia a Miami para tener el control de más del 50 por ciento de la compañía.

La operación se complicó a principios de 2005, cuando Azcárraga Jean pretendió nombrar a su amigo y principal operador, Bernardo Gómez, como presidente y director ejecutivo de Univisión, cargo que durante cinco años estuvo vacante. El traslado de Gómez a Estados Unidos constituía también una manera de proteger al vicepresidente ejecutivo y brazo derecho de Azcárraga Jean, tras su activa participación en la trama de los videoescándalos de marzo de 2004 contra el jefe de gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador.

Las formas le fallaron a Azcárraga. Quiso imponer a Bernardo Gómez sin haber consultado a sus otros dos socios en Univisión. Perencchio lo desafió y tomó la decisión de nombrar en febrero de 2005 a Ray Rodríguez, ejecutivo de origen cubano, como el nuevo director ejecutivo de la compañía.

La decisión enfureció al Tigrillo, mientras que Gustavo Cisneros, de Venevisión, mantuvo una actitud cautelosa e incluso sugirió que se buscara una “tercera opción” para dirigir la cadena. Perencchio tenía el 55 por ciento de las acciones, mientras Televisa controlaba el 11 por ciento y Cisneros poco más de 6 por ciento.

El conflicto tomó tintes melodramáticos cuando Azcárraga Jean demandó en mayo de 2005 a Perencchio en una corte de California, argumentando una supuesta violación al contrato en el pago de regalías por la transmisión de espectáculos, telenovelas y partidos de futbol que Televisa provee a Univisión. Los abogados de Azcárraga Jean señalaron que Univisión les debía 115 millones de dólares.

Al mismo tiempo, Azcárraga y Alfonso de Angoitia renunciaron a sus cargos en el Consejo de Administración de Univisión y les prohibieron a sus artistas presentarse en los programas de la cadena norteamericana, como los premios Lo Nuestro.

En junio de 2005 Televisa anunció que estaba dispuesta a adquirir el 30 por ciento de las acciones pertenecientes a Perencchio, lo que le permitiría tomar el control de Univisión. El valor de la empresa creada casi veinte años atrás por Azcárraga Milmo y Perencchio alcanzaba un valor cercano a los 11 mil millones de dólares, casi el doble del valor de Televisa en México. Las audiencias hispanoamericanas habían pasado de 22 a 40 millones de personas y el mercado publicitario registraba el mayor crecimiento anual –entre 15 y 20 por ciento-, en comparación con el mercado de habla inglesa.

A pesar de mantener una agria disputa jurídica, Azcárraga Jean le apostó por desplazar a Perencchio en el control de Univisón. Para lograrlo, anunció una sociedad conformada por Televisa, y los fondos de inversiones Carlyle Investment, perteneciente a Bill Gates, Bain Capital Partners, Blackstone, KKK Roberts y Venevisión. De manera sospechosa, los tres últimos decidieron “bajarse” de la oferta encabezada por Azcárraga Jean. Televisa se mantuvo en la lucha aliada a Bill Gates y a Bain Capital.

El 20 de junio de 2006 llegaron al tramo final dos grupos con sus propuestas: por un lado, el que encabezaba Azcárraga Jean que ofreció 35.75 dólares por acción; y el otro dirigido por el empresario de origen egipcio Haim Saban, aliado a los fondos de inversión Madison Deaborn Partners, Providence Equity Partners, Texas Pacific Group y Thomas HH. Lee Partners, que ofrecieron 35.5 dólares por acción.

Pocas horas después de la negociación con Perencchio, realizada en un cardiaco fin de semana, la oferta de Saban se fijó en 36.25 dólares, desplazando por completo a Televisa. Esto significaba que Saban, creador de los Power Rangers, estaba dispuesto a pagar 12 mil 300 millones de dólares por las acciones de Perencchio.

Los Cuatro Fantásticos fueron vencidos por los Power Rangers”, comentó suspicaz un analista del mercado audiovisual de Estados Unidos.

El golpe para Azcárraga Jean y su equipo de colaboradores fue brutal. A menos de un mes de las elecciones presidenciales en México, Televisa perdió el pastel más suculento y con mayores posibilidades de crecimiento para su expansión natural como emporio televisivo: el mercado publicitario y de audiencias de las comunidades hispanoamericanas en Estados Unidos.

Gente cercana al Tigrillo comentaron que Azcárraga Jean estaba convencido que Slim le había jugado una mala pasada, que Perencchio decidió humillarlo por la demanda presentada y que Gustavo Cisneros sabía de antemano el resultado de la transacción.

En respuesta, Televisa siguió adelante con la demanda de mayo de 2005 y con el proceso de venta del 11 por ciento de sus acciones en Univisión. En abril y en julio de 2008 se suspendió en dos ocasiones el juicio, pero en enero de 2009 se renovó. Todo parecía anunciar que se daría el “divorcio” entre ambas compañías después de un matrimonio por conveniencia.

El melodrama entró a otra faceta el 22 de enero de 2009. Televisa obtuvo más de 3 mil millones de dólares por la venta del 11 por ciento de sus acciones y Univisión renovó el llamado Contrato de Licencia de Programación (PLA), beneficiando a Televisa con 65 millones de dólares por año hasta el 2017, fecha de vencimiento del contrato de exclusividad.

En un comunicado conjunto, Univisión y Televisa se declararon “complacidos” por el acuerdo alcanzado, ya que “atiende a los intereses tanto de Televisa como de Univisión. Asegura al público que Univisión continuará haciendo uso de la extensa cobertura de la red de Univisión como un importante canal de distribución de su contenido en el mercado estadounidense”.

La Guerra de las Telenovelas

La innegable victoria jurídica de Televisa en enero de 2009 fue posible gracias a una maniobra muy hábil de los ejecutivos de Azcárraga Jean: amenazaron con firmar un contrato de exclusividad con Telemundo, la competencia de Univisión en Estados Unidos y, de esta manera, presionar para que disminuyera el rating de su ex socio, dependiente de los contenidos de Televisa.

Si Televisa firmaba el contrato de exclusividad de programación con Telemundo  se agravaba la crisis financiera de Univisión que para entonces tenía una deuda de 10 mil 800 millones de dólares, la mayoría adquirida a raíz de la venta de las acciones de Perencchio.

Para lograrlo esta maniobra, Televisa también contó con el apoyo de las autoridades de la SCT y de la Cofetel en México para impedir que Telemundo, asociada a inversionistas mexicanos del Grupo Saba, obtuviera las concesiones para formar una “tercera cadena” de televisión privada en México.

En la disputa en contra de la “tercera cadena”, tanto Televisa como TVAzteca hicieron gala de todos los excesos posibles: encabezaron una campaña de linchamiento contra el Grupo Saba en las pantallas de Canal 2 y Canal 13 en 2007; presionaron para que la señal de Canal 40, en litigio desde 2003, no se fuera adquirida por los inversionistas de Telemundo-Grupo Saba.

Telemundo, perteneciente al corporativo formado por la poderosa trasnacional General Electric-Universal-NBC, no se peleó con sus intereses y decidió ceder ante la capacidad de presión de Televisa. En marzo de 2008 anunció un acuerdo con Azcárraga Jean para que los contenidos de esta televisora se transmitieran en las señales restringidas de Cablevisión y Sky.

Sin embargo, en junio de 2009 la rivalidad entre Televisa y Univisión abrió otro capítulo, ahora por la retransmisión de las telenovelas del “canal de las estrellas” a través de plataformas de internet como Youtube, lo cual violaría el contrato de exclusividad que vence en 2017. Inició así la llamada guerra de las telenovelas entre ambos consorcios.

Univisón alegó ante el juez federal Phillip Gutiérrez que Televisa afectaba a sus intereses, ya que retransmite en internet de manera diferida telenovelas mexicanas, implicando “competencia desleal” frente a sus audiencias y anunciantes.

Televisa se defendió señalando que el acuerdo original de exclusividad, firmado en 1992, no incluía internet como plataforma de distribución, sino sólo la programación aportada en pantalla.

El juez determinó que ninguna de las dos compañías podían transmitir los programas de la otra a través del internet. Univisión logró lo que quería: frenar los intentos de Televisa de optar por otras vías de distribución para difundir sus telenovelas, los programas de mayor rating en la comunidad hispana.

La siguiente jugada ocurrió el 23 de febrero de 2010. El presidente ejecutivo de Univisión, Joe Uva, anunció en entrevista con The Wall Street Journal que la compañía tendrá un nuevo portal de internet llamado “Novelas y Series” para ofrecer episodios completos de telenovelas y de proveedores extranjeros, de manea gratuita, utilizando una plataforma a la que se podrá acceder en teléfonos móviles como Iphone de la compañía Apple.

Las nuevas alianzas de Univisión son TV Azteca, adversario de Televisa y sin canal de distribución propio de sus contenidos en Estados Unidos, y Venevisión, de Gustavo Cisneros. En junio de 2010, Univisión presentó con bombo y platillo su próxima telenovela Eva Luna, una coproducción con Venevsiión, producida por Adriana Barraza y que tendrá como protagonista a Guy Ecker.

El melodrama entre Univisión y Televisa proseguirá hasta 2017, fecha en la que ambas compañías tendrán que definir si mantienen o no el convenio de distribución de programación. Por lo pronto, el matrimonio por conveniencia entre ambas televisoras se acerca cada vez más a un divorcio definitivo.

 

 

3 Respuestas a “Telmex-Televisa, los Antecedentes de la Disputa (Segunda Parte)

  1. La gran diferencia para Teidiotiza es que en México sus frecuentes e ilegales intromisiones en asuntos políticos le permiten en la actualidad un amplísimo margen de protagonismo decisivo en los procesos electorales, particularmente en los comicios presidenciales, que llegará al extremo en el 2012, cuando SU candidato -Peña Nieto- participe. En contraste, en la Unión Americana aparentemente nada ha podido lograr al pretender aplicar sus más refinadas tácticas: el cochupo y la transa.

  2. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

  3. Dice la maestra en la escuela de Empresarios de Cuello Blanco:

    “A ver muchachos, vamos a conjugar el verbo robar…
    TU quiebras una empresa.
    EL se queda con el dinero.
    YO me quedo con la red de Fibra Optica.
    NOSOTROS nos beneficiamos.
    USTEDES se quedan callados. Y …
    ELLOS se chingan.”

    http://www.pateandopiedras.com/2009/10/%C2%BFque-hay-detras-del-conflicto-en-luz-y-fuerza-de-fibra-optica-y-negocios-turbios/
    http://www.frecuencialaboral.com/fibraopticalicitan2010.html
    http://www.estudiod3.com/alianza/index.php/home/2325-televisa-va-por-fibra-de-cfe-sin-rivales-fuertes
    http://www.fayerwayer.com/2010/06/televisa-telefonica-y-megacable-ganan-licitacion-de-fibra-oscura-en-mexico/

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