Las nuevas insurgencias: Los peligros de la red de redes.

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por Arturo Loría

 

 

Mar Zuckerberg, creador de Facebook, elegido por la revista Time como la persona del año.

550 mdp no es precisamente alguna cantidad de dinero que el Gobierno Federal se haya gastado (al menos no en términos de este artículo, que en realidad, bien podría serlo). Es, en realidad, una manera de sintetizar la nueva cifra a la que recientemente llegó la red social Facebook en cuanto a número de usuarios. Mientras leen este artículo, 550 millones de personas (o de seguro muchas más, ya que la cifra va en un aumento exponencial) tienen una cuenta en esta red social. De hecho, podría asegurar que muchos de los lectores de este texto tienen su propia cuenta, vamos, incluso los miembros de la redacción de este blog tenemos una.

Con lo anterior, no sorprendió a nadie la noticia con la que comenzamos el año: Facebook está valuado en 50 mil millones de dólares tras recibir una inversión de Goldman Sachs y de Digital Sky Technologies, poniéndolo encima de empresas como Time Warner, el segundo conglomerado de medios más grande del mundo (el primero es Disney).

La sorpresa no es tanta pues, de acuerdo a la revista Time, 1 de cada 12 personas tiene un perfil de Facebook, dato importante si consideramos que vivimos en un mundo con 1.7 billones de usuarios de Internet.

Hay una gran carga simbólica en el hecho de que una red social valga más que una de las empresas de medios más poderosas del mundo. Hace quince años, el mercado tecnológico estaba dominado por Microsoft y todos los piratas de Silicon Valley. En ese entonces, el poder se concentraba solamente en desarrollar softwares que ayudaran al usuario a realizar tareas prácticamente de oficina o entretenimiento. La década pasada, Google tomó el mando y entonces el poder estaba en la búsqueda y concentración de información, demostrando que ésta última era en definitiva, el capital del Siglo XXI.

Pero entonces aparecieron las redes sociales y el usuario comenzó a fundirse con la información que hacía circular por la red. Ya no sólo el correo electrónico hacía fluir datos personales (y de forma privada) a través de la red: ya era posible generar perfiles en los que el usuario generara o desarrollara una identidad que oscilaba entre lo público y lo privado. Así pues, la década pasada fue la de la explosión de las redes sociales.

En tan sólo diez años, la red evolucionó y recreó los sistemas de estructura social en el mundo virtual al grado que, si Facebook fuese actualmente un país, sería el tercero con más habitantes sólo detrás de China e India. Esto, por supuesto, sin considerar que China e India son también parte de esta nación virtual. Y es que es precisamente en este dato que radica el mayor interés que Mark Zuckerberg, creador de Facebook, tiene con su creación: la ubicuidad.

El pasado 21 de abril se llevó a cabo la cuarta f8, conferencia anual en la que desarrolladores y empresarios se reúnen para discutir el futuro de las redes y tecnologías sociales. Todas las f8 comienzan con un discurso de bienvenida y proyección a cargo de Zuckerberg, quien funge de alguna manera como anfitrión del evento.

Este año el discurso de Zuckerberg tenía un mensaje claro y directo: revolucionar el Internet, y por lo tanto, al mundo. La f8 2010 tenía como objetivo principal presentar las 4 nuevas directrices de la red social: el desarrollo de los social plug-ins en los perfiles de Facebook (en particular el botón “Me gusta”); la evolución de la Graph API, núcleo de la plataforma de Facebook (en pocas palabras, la representación visual de la página); la presentación del protocolo OAuth 2.0, que permite a los usuarios compartir elementos privados de su perfil sin la necesidad de una clave o password; y, quizás la más importante de todas, el Open Graph Protocol una superestructura que interconecta al usuario con el resto de la red a través de su perfil de Facebook. En pocas palabras, una red de redes.

Zuckerberg mismo lo dijo en el discurso de bienvenida:

“Hoy en día la red existe principalmente como una serie de conexiones desestructuradas entre páginas. Este ha sido un modelo poderoso, pero es apenas el comienzo. El Open Graph pone a la gente en el centro de la red. Esto significa que la red puede convertirse en un conjunto de conexiones personal y semánticamente simbólicas entre la gente y las cosas”

A través de los cuatro elementos anteriores, y principalmente del Open Graph, Facebook pretende conectar al usuario aún más con el resto de la red ¿Qué quiere decir eso? El botón “Me gusta”, por ejemplo”. Si normalmente, dentro de Facebook, el usuario podía especificar que un comentario, una fotografía o un status le gustaba, ahora podrá hacer lo mismo con un sitio web, un usuario o un fotografía que esté fuera del ámbito de Facebook.

O el protocolo OAuth 2.0. En su primera versión, el usuario hacía accesible a cualquier otro integrante de Facebook la información que tuviese en su perfil, con la versión 2.0 lo hace al resto de la red.

¿Y dónde queda el Graph Api en todo esto? Es ésta justo la conexión que abrirá la  de Facebook.

En pocas palabras, la intención de Zuckerberg es hacer que Facebook ya no sea sólo una red social que conecte personas, sino que conecte a la red entera: Facebook sobre todas las cosas. Imagínese pues, querido lector, que navega usted por cualquier espacio de la red y tiene la posibilidad de expresar que ese sitio le gusta mediante un botón implementado por Facebook. Ésta es la ubicuidad que Facebook busca y que hasta ahora ningún conglomerado de tecnologías web ha logrado, ni siquiera Google con ese Aleph informativo en el que se ha convertido, ya que Google sólo controla información. Facebook controla a la gente, a pesar de que ésta es la que en un inicio controla a Facebook.

De ahí el empoderamiento, que será aún mayor si Zuckerberg y su empresa consiguen fusionar el poder de Google con el de su creación.

No por nada Michael Arrington nombró recientemente a ésta como la “Era Facebook”.

Las consecuencias del Open Graph Protocol son apenas visibles. En un artículo publicado en Forbes, Reihan Salam decía que “si Facebook consigue realizar bien su Open Graph Protocol, habrán creado algo tan robusto y poderoso como un gobierno, sólo que más ligero y flexible”. Tomando lo dicho por Salam, me atrevería a decir que incluso más controlador, o al menos, más atento a nuestros movimientos.

Al hacer tan pública nuestra información no sólo estamos conectándonos con una red de redes, sino que estamos permitiendo también que otros agentes penetren en nuestra información. Así lo demuestra la tecnología AdSense, desarrollada por Google y que consiste en mostrarle al usuario publicidad elegida de acuerdo a los clicks dados o a los espacios visitados. Es decir, que si Google ha registrado en nuestras búsquedas sitios web de música o fotografía, la publicidad que muestre en sus banners estará relacionada con estos temas.

Justo de esta manera funciona el botón “Me gusta” al interior de Facebook y así funcionará si se abre al resto de la red mediante el Open Graph Protocol.

No nos damos cuenta, pero todos nuestros movimientos en Internet, van dejando pequeñas marcas para los creadores de motores de información y redes sociales.

Es justo ese acceso tan directo a la vida privada lo que marca la diferencia entre un gobierno y el mundo virtual. Y es precisamente eso lo que los gobiernos han comenzado a buscar. Pareciera parte del guión de una película el episodio narrado por Lev Grossman en el artículo en el que explican por qué Zuckerberg fue elegido, en medio de una gran polémica, la persona del año según la revista Time (mucha gente pensaba que sería Julian Assange). En el texto publicado el pasado 15 de diciembre, Grossman narra cómo en medio de una junta entre los miembros del corporativo de Facebook llegó Robert Mueller, director del FBI, a “saludar” a Zuckerberg. De acuerdo con Grossman Mueller y Zuckerberg “se dieron un apretón de manos y hablaron de nada durante un par de minutos, después Mueller se fue” ¿Qué hacía el director del FBI en una junta cotidiana de Facebook? ¿Por qué hablar de nada en una junta con los miembros del corporativo más poderoso de redes sociales (y posiblemente del mundo? La respuesta es sencilla: tras la partida de Mueller hubo un silencio incómodo en la sala de juntas y nadie preguntó nada.

Los nuevos espacios de insurgencia puede que no sean tan insurgentes como pensábamos o puede que estén haciendo temblar a las viejas estructuras del poder, que pronto han visto que la solución es adaptarse o morir. Al igual que en el mundo exterior, las estructuras al interior del mundo virtual comienzan a reacomodarse y a tomar forma. Así, un espacio que solía ser horizontal y democrático comienza a tomar una verticalidad un tanto injusta para el último espacio de auténtica libertad. Porque por muy libre que sea la red, hay que recordar que espacios como Facebook o Twitter (que poco a poco va empoderándose) son propiedad de entidades privadas con intereses particulares. Intereses que como en el mundo real puede ser manipulados, comprados o alterados.

 

10 Respuestas a “Las nuevas insurgencias: Los peligros de la red de redes.

  1. Hola

    No, no es exponencial, suena bonito, pero no es exponencial el aumento de usuarios de facebook.
    Tan inocente que se ve FB. Depúes de la experiencia de Bill Gates como cabeza de un movimiento tecnológico, los nuevos líderes tecnológicos están aplicando las enseñanzas que dejó Gates y su batalla con el gobieno de EU.Es mejor la cooperación que el enfrentamiento.

  2. Pingback: Tweets that mention Las nuevas insurgencias: La peligrosa red de redes. | Jenaro Villamil -- Topsy.com

  3. Asi es la vida:
    Zuckerberg; con los datos personales de 550 millones de personas es el hombre del Año ¡¡¡
    Assange; con los datos de funcionarios gringos, persecusion y amenazas ¡¡¡

  4. ojalá y a FACEBOOK no le corten las patitas de la letra K y quede así.
    F B I

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