De la Guerra Sucia al Crimen Político

La brutal ejecución del doctor Rodolfo Torres Cantú, candidato priista a la gubernatura de Tamaulipas, se produce en un contexto local y nacional virulento y violento.

Apenas una semana antes del primer crimen político reciente contra un candidato a gobernador, las dirigencias nacionales del PAN y del PRI se enfrascaron en una batalla declarativa que inició con todas las características de una guerra sucia: espionaje telefónico, difusión de las llamadas interceptadas a los gobernadores Fidel Herrera, Ulises Ruiz, Mario Marín, acusaciones mutuas de trampas que aplican tanto unos como otros, impunidad absoluta frente a César Nava que presume tener más grabaciones de este tipo y total inoperancia de los árbitros electorales estatales para frenar el uso y abuso de los recursos estatales para favorecer a los candidatos priistas en aquellos estados que se consideran feudos de los gobernadores en turno.

Una de las características principales de toda guerra sucia es la violencia verbal y simbólica que antecede o acompaña a la eliminación física o mediática del adversario. Las guerras sucias buscan polarizar al electorado: buenos contra malos, corruptos contra impolutos, amenazas para México contra salvadores autoasignados.

Los mercaderes de las guerras sucias, como el publicista español Antonio Solá o los mercadólogos contratados tanto por el PRI como el PAN y su aliado circunstancial, el PRD, no ven a los rivales como adversarios electorales sino como enemigos declarados. Los ciudadanos se transforman en espectadores pasivos de una guerra de lodo que alienta el abstencionismo e inhibe la participación politizada.

Toda guerra sucia tiene una alta dosis de pánico moral, es decir, campañas de odio y de miedo a través de spots, rumores difundidos en medios cibernéticos, medias verdades o mentiras construidas para estigmatizar al adversario y desmovilizar a los críticos; discurso gubernamental hostil ante la crítica, la disidencia o la oposición; desproporción entre la realidad y el imaginario colectivo inducido por la constante mención de esa amenaza. Y otra característica principal de la guerra sucia: utilización facciosa de los medios masivos de comunicación, en especial, de los medios electrónicos que se transforman en los mensajeros de una guerra cuyo comandante en jefe no es claramente identificado y cuya estrategia parece no concluir con una victoria electoral sino anticipar un conflicto poselectoral.

Eso lo vivimos en las elecciones de 2006. A Andrés Manuel López Obrador le endilgaron el mote de “peligro para México” y el PAN se justificó diciendo que tenía que ganar “haiga sido como haiga sido”. El propio tribunal electoral federal avaló esa guerra sucia.

El gobierno de Felipe Calderón nos ha recetado lo mismo en su guerra contra el narcotráfico que ha polarizado al país y ha inutilizado al Estado desde que en enero de 2007 sacó al ejército de los cuarteles en una decisión de alto riesgo y poca claridad estratégica.

En las elecciones federales de 2009, el entonces dirigente nacional del PAN, Germán Martínez, se vistió de cruzado moral y en lugar de presentarse como el presidente de un partido en el gobierno articuló una campaña electoral opositora con pésimos resultados para Acción Nacional. Todavía alcanzó a justificarse diciendo: “es tan aceptable una campaña de odio como una campaña de alegría”. El PRI arrasó en esas elecciones y el retorno del tricolor a la presidencia se transformó en la profecía autocumplida por el propio PAN.

En el 2010, César Nava se volvió un clon de Germán Martínez y acompañado por sus socios temporales del PRD se ha dedicado a enlodar las campañas estatales en vez de documentar los abusos que cometen las autoridades priistas. El contraste obvio entre su jefe Calderón que garantizó la impunidad de gobernadores como Mario Marín o Ulises Ruiz no ha sido obstáculo para que ahora se enrede con el fantasma de los dinosaurios priistas que han sido socios de su gobierno, como ahora lo son Los Chuchos del PRD. No pocos priistas han caído en la provocación y en sus propios estados los gobernadores aplican sus propias guerras sucias a escala de la federal, acosando y estigmatizando a los opositores, como se ha documentado en Oaxaca, Hidalgo, Quintana Roo, entre otras.

Sin embargo, no sólo se trata de violencia verbal. La fallida guerra contra el narcotráfico ha convertido a entidades como Tamaulipas en tierra sin ley, en verdaderos “narco-Estados”donde los cárteles se disputan no sólo las rutas de la droga sino los espacios de poder en el gobierno, en el Congreso, en las alcaldías.

Al asesinato de Torres Cantú lo antecede una ola de violencia que viene desde finales del gobierno de Vicente Fox hasta todo este periodo del calderonismo. Comenzaron a silenciar y a matar a los periodistas. En Tamaulipas ningún reportero quiere firmar una nota relacionada con el narcotráfico.

La violenta disputa entre el Cartel del Golfo y los Zetas, antes aliados en el control de esa plaza, es el marco de otros crímenes impunes hasta ahora, como el asesinato del candidato del PAN en la alcaldía de Valle Hermoso, José Mario Guajardo Varela, ejecutado el 13 de mayo junto con uno de sus hijos y un trabajador. El propio candidato panista a gobernador, José Julián Sacramento, confió a varios reporteros que “algunas candidaturas para diputados y ayuntamientos están vacantes debido a la amenaza de los narcotraficantes”. El dirigente nacional del PRD, Jesús Ortega, confesó que también su partido no encontró valientes que se decidieran encabezar una campaña a alcalde o diputado local en condiciones de inseguridad extremas.

Eugenio Hernández Flores ha administrado desde entonces el desgobierno en Tamaulipas. Si el poder del crimen organizado quedó ampliamente demostrado desde la época del sexenio salinista con el gobierno de Manuel Cavazos Lerma y se agravó con Tomás Yarrington, con Hernández Flores simplemente se ha vuelto poder de facto. No deja de despertar sospechas el silencio del secretario general de Gobierno, Hugo Andrés Araujo, un viejo amigo de Raúl y Carlos Salinas de Gortari que supuestamente debe garantizar la seguridad de todos los candidatos en una entidad atenazada por la guerra de los cárteles.

El crimen político de Torres Cantú nos remite inevitablemente a lo que ha sucedido en Colombia. El ex gobernador de Zacatecas y senador del PT, Ricardo Monreal lo expresó claramente: “nos encaminamos de manera acelerada a la colombianización de nuestra vida política”. A manera de ejemplo, Monreal recordó que hace tan sólo tres años 21 candidatos a gobernadores, alcaldes y diputados locales fueron asesinados en Colombia, lo mismo por grupos paramilitares (vinculados a la guerrilla o al narcotráfico o a ambos), en un periodo de cinco meses.

No sólo Tamaulipas es territorio en riesgo. Sinaloa, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Guerrero, Nayarit, Veracruz, Oaxaca son entidades donde el crimen está mucho más organizado que el Estado.

Y todo esto comenzó con una guerra sucia que nos metió a un Estado en guerra.

5 Respuestas a “De la Guerra Sucia al Crimen Político

  1. Marisa Fernández

    Lo que veo es que se les volteó el chirrión por el palito, pero me temo que necesitan muchos más muertitos de su bando (políticos y empresarios; los del bando de los ciudadanos de a pié son “daños colaterales”) para empezar a darse cuenta de que no se trata de un juego de niños. La verdad es que los habitantes de este pobre país, o de lo que de él queda, estamos en el fuego cruzado entre dos delincuencias organizadas: la de cuello blanco y la de cuello “sucio”.

    • Así es, Marisa, parece que hasta que el crimen político llega a la élite, entonces se dan cuenta de las nefastas consecuencias de la guerra de Calderón. Ahora hasta Beatriz Paredes le reprocha a Calderón que ellos ayudaron a legitimarlo.

  2. Muy interesante lo que nos expones. Sin duda el narcotrafico tiene mas injerencia en el país que nunca o al menos así parece. Lejos de tener los resultados prometidos, y prometedores, la guerra del gobierno contra el narco simplemente ha dejado de manifiesto, por si hacía falta, la inoperancia y torpeza de nuestros gobernantes encabezados por Calderon.
    Sin duda hay mucho para reflexionar al respecto. Habría que juzgarnos también y preguntarnos que estamos haciendo como sociedad para sanear esto.
    Por ultimo tal vez sea cuestión de gustos pero que hables de “medias verdades” o “medias mentiras”…..no sé, gracias por recordarme a una amiga de la secundaria pero creo que hay términos más precisos y concretos; ¿para qué darle vueltas?
    Saludos y gracias por la información.

    • Hola, Vladimir, muchas gracias por tu lectura y tus comentarios. La guerra sucia es una construcción mediática desde el poder con tremendas consecuencias en la sociedad. Y la guerra contra el narcotráfico ha agudizado la polarización. Un abrazo.

  3. Ana Patricia Rangel

    Coincido con Mariza, solo apuntaría que así como hay “dos delincuencias organizadas”, también hay daños que son más colaterales que otros…”

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