Peña Nieto, el Gran Montaje: El discreto autoengaño de las encuestas (Segunda Parte)

Este sábado se presentó a las 16:00hrs. en la FIL de Monterrey el libro Peña Nieto, el Gran Montaje, de Jenaro Villamil. El domingo 21 a las 14:00 horas en la FIL de la Ciudad de México, en el Zócalo. Aquí les adelantamos en dos partes el capítulo dos del libro.

CAPÍTULO DOS

EL DISCRETO AUTOENGAÑO DE LAS ENCUESTAS

Segunda Parte, consulta la primera aquí.

Por entidades, el estudio arrojó el siguiente diagnóstico:

1.-En Aguascalientes, Arcop colocó dos puntos abajo al priista Carlos Lozano de la Torre del panista Martín Orozco. Fue la única empresa que realizó un pronóstico fuera de la tendencia electoral y de las demás casas encuestadoras.

Gabinete de Comunicación Estratégica, ubicó las diferencias entre Lozano de la Torre y Martín Orozco en un rango entre 11 y 14 por ciento, mientras que El Universal y Consulta Mitofsky acortaron esta distancia en 9 por ciento. La victoria de Lozano de la Torre fue por 5.2 por ciento de ventaja. Es decir, hubo diferencias hasta por casi 9 puntos.

2.-En Chihuahua, Arcop publicó dos encuestas: en una pronosticó una competencia cerrada entre el priista César Duarte y el panista Carlos Burruel, a sólo dos puntos de distancia. En la segunda, el panista superó en tres puntos al candidato del tricolor.

En la misma entidad, Consulta Mitofsky realizó el día de la elección una encuesta de salida, con cifras muy diferentes al PREP. Mitofsky le dio una holgada ventaja de 23.7 por ciento a Duarte, cuando el PREP arrojó una diferencia menor, de 16.4 por ciento.

3.-En Durango, la diferencia entre el pronóstico de las 8 encuestas y el resultado final fue muy grande. En esta entidad, todas las empresas le dieron la ventaja al candidato del PRI, Jorge Herrera, con más de 12 puntos de distancia frente a su contendiente panista José Rosas Aispuro.

Sólo Buendía&Laredo-El Universal estuvo cerca del resultado final muy cerrado: le dio 1 punto de ventaja al candidato priista. Finalmente, Herrera ganó por sólo 1.9.

La disparidad de los pronósticos y las encuestas fue muy significativa en esta entidad. GCE le dio una ventaja de 18.5 y 14.9 puntos porcentuales al candidato priista, en sus dos encuestas, mientras que  Consulta Mitofsky le dio 16.8 y 17 por ciento de ventaja. Ambas estuvieron fuera del rango real. Mitofsky, en el sondeo de salida el día de las elecciones le dio a Herrera una ventaja de casi 10 puntos porcentuales.

4.-Lo mismo sucedió en Hidalgo. Entidad con un voto duro priista muy sólido, las 7 encuestas realizadas le dieron al candidato Francisco Olvera, de la coalición PRI-PVEM-Panal, una distancia de 19 puntos porcentuales, frente a la candidata de la coalición opositora Xóchitl Gálvez del PAN-PRD-PT-Convergencia.

En las urnas, la distancia se acortó sustancialmente. Olvera le ganó por sólo 5.1 puntos porcentuales a Gálvez. Ese mismo día, Consulta Mitofsky arrojó en su encuesta de salida una ventaja de 8 puntos al priista.

En ningún caso, las encuestadoras estuvieron cercanas al resultado final. La misma Xóchitl Gálvez destacó en declaraciones a la prensa ese extraño consenso de las empresas demoscópicas que arrojaron una ventaja muy superior al PRI, como si se tratara de propaganda inducida.

5.-Oaxaca fue la contienda estatal más encuestada. En esta entidad se realizaron 42 encuestas, muy dispares todas, que representaron el 31 por ciento del total de sondeos levantados en aquel año. El candidato priista Eviel Pérez Magaña perdió por 8 puntos frente al aspirante de la coalición Unidos por la Paz y el Progreso, Gabino Cué.

En esta entidad, la encuesta de salida de Consulta Mitofsky sí estuvo más cercana al resultado del PREP: dio una diferencia de 6.4 por ciento a favor de Gabino Cué.

Sin embargo, a lo largo de la jornada electoral hubo una danza de pronósticos electorales que resultaron fallidos. La propia Consulta Mitofsky le dio 35 puntos de ventaja al priista Pérez Magaña en su encuesta levantada entre el 10 y el 12 de abril, mientras que IPSOS-Bimsa, en el mismo mes, le dio a Gabino Cué una ventaja de 19 puntos porcentuales.

Las encuestadoras de los periódicos El Universal y Reforma pronosticaron un resultado más certero: una contienda muy cerrada entre el priismo y la coalición opositora.

GCE realizó varias encuestas. Hasta mayo de ese año su pronóstico también era cercano a la realidad: calculaba una contienda muy cerrada con 4 puntos de ventaja para el priista. En los dos últimos sondeos, GCE mencionó una ventaja de entre 6 y 8 puntos a favor del PRI.

El análisis del PRI concluyó que “el diagnóstico de Oaxaca fue totalmente errático, e incluso la encuesta de salida que ya denotaba el fracaso priista, se quedó dos puntos debajo de lo obtenido por el PREP”.

6.-Puebla fue la otra entidad que concentró el interés y los recursos de las casas encuestadoras y los medios de comunicación. De 14 encuestas, 12 establecieron ventaja de 10 puntos en promedio para el PRI. El resultado fue exactamente inverso: Javier López Zavala, en candidato priista, perdió por 9.9 puntos freten a Javier Moreno Valle, de la coalición opositora Compromiso por Puebla.

Sólo IPSOS-Bimsa y GCE difundieron dos encuestas que le daban la derrota al PRI por un margen muy estrecho (1 y 2 puntos de diferencia). Consulta Mitofsky llegó a darle una ventaja de 32.5 por ciento al candidato priista. Su segunda encuesta, en junio de 2010, le dio una ventaja de 9.5 por ciento. Prospecta Consulting también tuvo números muy  dispares, siempre a favor del PRI: en mayo le daba una ventaja de 21 puntos al aspirante tricolor y en junio de 16 puntos frente al candidato opositor.

También el periódico Reforma erró en su única medición en esta entidad: le dio 7 puntos de ventaja al priista López Zavala, en junio de 2010.

7.-En Sinaloa también las encuestas fallaron. Fue la tercera entidad con un candidato ex priista (Mario López Valdez) que encabezó una coalición opositora. De las 15 encuestas que se realizaron, el promedio de ventaja que le dieron al aspirante del tricolor Jesús Vizcarra fue de 6.1 por ciento. Terminó perdiendo por 5.5 puntos de distancia, según las cifras del PREP.

Parametría divulgó las encuestas más erráticas. En abril publicó dos sondeos que le daban la ventaja al PRI por 11 puntos. GCE publicó cuatro encuestas con cifras muy diferentes, todas a favor del PRI: en la primera, dándole ventaja de 4 puntos, luego de 1, un mes después de 11 puntos y en vísperas del proceso, de 7.9 por ciento de ventaja.

La encuesta de salida de Consulta Mitofsky, el día de la jornada le dio a López Valdés un triunfo muy apretado: de 2.5 por ciento de ventaja.

8.-Paradójicamente, en el único estado donde el promedio de las encuestas estuvo cercano a la realidad fue Tamaulipas: le dieron 30 puntos de ventaja al priista Rodolfo Cantú sobre el panista José Julián Sacramento, y el resultado final fue de 30.4 puntos de ventaja.

El detalle escabroso fue que en Tamaulipas asesinaron al candidato priista Rodolfo Cantú y su hermano Egidio Cantú lo sustituyó en la boleta electoral. ¿Qué significó esto? ¿La desaparición física del candidato no influyó sobre el voto favorable para el PRI? ¿El crimen acabó reforzando la permanencia del PRI, sin importar quién fuera el abanderado? ¿El voto del miedo se impuso?

Tamaulipas fue la única entidad donde la diferencia entre las encuestas mediáticas y el PREP fue de sólo 0.9 por ciento. Es decir, prácticamente nada. Donde asesinaron al candidato, las encuestas fueron certeras.

9.-Veracruz fue otra muestra de anomalía entre las encuestas y el resultado final. Se levantaron siete estudios demoscópicos. Todos le dieron un margen amplio de ventaja al candidato priista Javier Duarte, frente a su adversario Miguel Angel Yunes, de la coalición PAN-Panal. El promedio de ventaja fue de 17.7 puntos. El resultado de la elección fue mucho más cerrado: 2.9 puntos de ventaja a favor de Duarte.

Incluso, el mismo día de la elección, el 4 de julio, Consulta Mitofsky le dio 17.7 puntos de ventaja al candidato del PRI en su sondeo de salida.

El amplio margen de ventaja que le daban las encuestas al PRI fue uno de los autoengaños más graves en el caso de Veracruz. Confiados, los candidatos del tricolor presumieron que GCE les daba una ventaja de 23.7 puntos en abril y luego de 14 puntos en junio. El Universal también arrojó una ventaja de 19 puntos en su encuesta de abril-mayo.

10.-En Quintana Roo y Tlaxcala, los candidatos del PRI triunfaron, aunque las particularidades de cada entidad fueron importantes. En Quintana Roo, el aspirante opositor Greg Sánchez fue detenido por presuntos vínculos con el narcotráfico. Esto favoreció ampliamente al aspirante priista Roberto Borge. En Tlaxcala la competencia se fue cerrando y las encuestas no lo reflejaron. Ganó el priista Mariano González Zarur. Sólo Arcop perfiló un escenario de empate técnico entre González Zarur y la candidata del PAN-Panal, Adriana Dávila. Consulta Mitofsky falló por 5.8 puntos de diferencia entre sus sondeos y el resultado del PREP.

10.-Zacatecas fue la entidad que perdió el PRD en 2010. Las 11 encuestas pronosticaron esta derrota con 11 puntos de ventaja del candidato priista Miguel Alonso Reyes, frente al perredista Antonio Mejía y al panista Cuauhtémoc Calderón. El resultado final fue de 20.6 puntos de ventaja para el PRI, casi el doble de lo que pronosticaron, en promedio, las empresas  encuestadoras.

La encuesta de El Universal, en junio del mismo año, fue la más próxima al resultado final: 25 puntos de ventaja para el PRI, pero en mayo del mismo año publicó un sondeo que pronosticaba la derrota priista con 7.5 puntos de ventaja, a favor del candidato perredista. ¿Cómo explicar un cambio tan drástico con apenas un mes de diferencia?

El rating electoral también influyó en esas jornadas estatales del 2010. El estudio del PRI advirtió que el 52.5 por ciento de las encuestas se concentraron en 3 de las 12 entidades donde se renovaron gubernaturas: Oaxaca, Sinaloa y Puebla. En las tres ganaron los candidatos de coaliciones opositoras al PRI. Ahí estuvo concentrado el interés mediático.

Al GCE la consideran “la encuestadora más pretenciosa”. “Realizó sondeos en las doce entidades donde fue disputada la gubernatura, desplazando del mercado y del periódico Milenio a Demotecnia (de María de las Heras), que de hecho fue la gran ausente en el monitoreo de los comicios”.

“El ámbito territorial acaparado por GCE, conduce a la presunción de que cuenta con un financiamiento importante”, advierte el análisis. El documento interno del PRI reprocha que GCE “mantuvo persistentemente” una tendencia favorable al tricolor en Oaxaca y Sinaloa, “misma que fue rebatida en los hechos”.

Paradójicamente, fue el mismo tema que les reprochó Calderón en los comicios de Michoacán donde perdió su hermana y recuperó el PRI la gubernatura después de dos gobiernos perredistas consecutivos.

“Consulta Mitofsky también observa sesgos importantes”, anota el análisis del PRI. La empresa dirigida por Roy Campos diagnosticó la victoria del PRI en Oaxaca, Puebla y Sinaloa con 8.7, 9.5 y 8.6 por arriba de la alianza PRD-PAN.

En los casos de las encuestas en Durango y Veracruz, tanto Mitofsky como GCE tuvieron diagnósticos “notoriamente erráticos”. “Se preveía que el PRI ganaría por 17 y 19 por ciento, respectivamente, alejándose de manera importante de los resultados ya conocidos”.

El análisis caracterizó a Consulta Mitofsky como la encuestadora “cuyas cifras se distanciaron de manera importante de los resultados oficiales observando en este sentido, un mayor sesgo y por tanto, un panorama poco útil para la redefinición de las estrategias de campaña”.

La percepción de que el PRI y, especialmente, el precandidato presidencial Enrique Peña Nieto han establecido convenios comerciales con Televisa para verse beneficiados en las encuestas de las dos principales empresas vinculados a ellos (Consulta Mitofsky y GCE) fue confirmado en un cable del Departamento de Estado, divulgado por Wikileaks, en mayo de este año.

El cable 09México212, redactado en 2009 por la analista Leslie Basser de la embajada de Estados Unidos en México, afirmó que Peña Nieto paga “bajo la mesa a medios de comunicación a cambio de coberturas favorables y el financiamiento a empresas encuestadoras”.

En el caso de Consulta Mitofsky la alianza con Televisa es muy clara. Desde 1997, Roy Campos fue contratado por la empresa de Emilio Azcárraga Jean para que realizara las encuestas de salida de la elección a jefe de Gobierno del Distrito Federal. Ese año ganó Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD.

TV Azteca participó intensamente en las encuestas de salida de las elecciones estatales de 2011,  través de la empresa Mendoza Blanco y Asociados, propiedad del senador priista Jorge Mendoza, ex director de la televisora.

En los comicios del 3 de julio en el Estado de México, la autoridad electoral señaló que Mendoza Blanco y Asociados y GCE-Milenio violaron el artículo 159 de la legislación estatal electoral al difundir minutos después del cierre de las casillas (18 horas) encuestas de salida.

La ley electoral mexiquense prohibió en ese artículo que se difundieran o publicaran los resultados de encuestas o sondeos ocho días antes de la elección y “hasta dos horas después del cierre de casillas”.

La empresa Mendoza Blanco también favoreció ampliamente a los candidatos priistas: a Eruviel Avila, en el Estado de México, le pronosticó una victoria con 64 por ciento; a Rubén Moreira, en Coahuila, le dio el 65 por ciento, y a Roberto Sandoval, en Nayarit, le pronosticó una victoria con 48 por ciento de los votos.

La diferencia con los comicios estatales de 2010 es que en ninguno de estos tres casos de 2011 se dio una alianza entre PAN-PRD, y en las tres entidades el PRI mantuvo un control por encima de la oposición.

El 2011 cerró con las polémicas elecciones a gobernador en Michoacán, el 13 de noviembre. La guerra de encuestas se desató. GCE le dio siempre la ventaja a la candidata del PAN-Panal, María Luisa Calderón Hinojosa, hermana del primer mandatario. En contraste, las encuestas de Excélsior y de otros medios advirtieron que el cuatro veces alcalde priista de Morelia, Fausto Vallejo tendría una ventaja de casi 4 puntos.

El error en muchos casos fue ubicar en segundo lugar al candidato del gobernante PRD, Silvano Aureoles, que quedó finalmente en tercer sitio. La derrota michoacana para el PRD fue una de las más críticas en este sexenio.

Sin embargo, la disputa más agria se concentró entre el PRI y el PAN. El primer mandatario Felipe Calderón llegó a declarar que el resultado de las elecciones en su entidad natal se vio alterado por las presiones del crimen organizado, pero nunca se comprobaron ni confirmaron sus dichos.

La Irrupción de las Encuestas

Hubo una época en la política mexicana que las encuestas estaban completamente ausentes de las campañas electorales. Las candidaturas  no se resolvían con encuestas sino con negociaciones, imposiciones o arreglos cupulares. No había competencia frente al “partidazo” que dominaba más del 80 por ciento de todos los cargos de elección (de presidencias municipales hasta gubernaturas, diputaciones federales, senadurías y, por supuesto, la presidencia de la República).

Todos pertenecían a la “familia” revolucionaria del PRI, aunque los grupos actuaran como Caín y Abel. Traiciones, golpes bajos, intentos desaparecer a los adversarios. El sistema político operaba no bajo las reglas de la competencia electoral sino de la estabilidad sexenal.

Fueron legendarias las resistencias del sistema priista a incorporar las herramientas modernas y “científicas” de politólogos norteamericanos o franceses a las decisiones mexicanas. El francés Maurice Duverger, autor de Métodos de la Ciencia Política, era considerado como un “neopositivista” por intelectuales orgánicos del régimen como Jesús Reyes Heroles.

Lo importante no era medir las preferencias electorales. Lo necesario era teorizar sobre el Estado. ¿Cuál debía ser la orientación ideológica “dentro de la Revolución” que tomaría cada candidato presidencial del PRI? Incluso, José López Portillo, en 1976, contendió contra su propia sombra. Fue el único candidato que apareció en las boletas. El PAN se fracturó y no presentó candidato. El Partido Comunista estaba ilegalizado. Y los “paraestatales” del PPS y del PARM apoyaron al secretario de Hacienda del echeverrismo.

El sistema priista decidió, con Reyes Heroles como artífice teórico y práctico, abrir los cargos de elección para las “minorías políticas”. Era de muy mal gusto y daba mala imagen internacional que el PRI no tuviera una mínima competencia para maquillar la república representativa y democrática que era México, según la Constitución.

La reforma política de 1977-1979 inauguró una nueva era. ¿Quién iba a imaginar que 10 años después, en 1988, el PRI estuviera a punto de perder la presidencia de la República frente a una coalición opositora encabezada por Cauhtémoc Cárdenas, el mismo personaje, ex priista, que le ganó al tricolor, una década después, la jefatura de Gobierno del Distrito Federal? Nadie pronosticó que en 21 años, en el 2000, el PRI perdiera la elección presidencial e iniciara la complicada alternancia con el PAN.

Las encuestas comenzaron a ser importantes cuando el sistema entró en crisis de legitimidad. Fue durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) que la nueva élite gobernante, proveniente de la tecnocracia y del “positivismo” económico y político, aplicara sondeos para medir el grado de aceptación de sus políticas.

Salinas tuvo a un encuestador de cabecera, Ulises Beltrán, autor del estudio “La Opinión. La Política Social del Gobierno y la Opinión Pública”, citado por Salinas de Gortari en su libro México, un Paso Difícil a la Modernidad.

Salinas citó este estudio para demostrar que Procampo, uno de sus programas de neoclientelismo más importante, no tenía un carácter electorero:

“En otra encuesta se le preguntó a los campesinos si consideraban que el programa sólo buscaba obtener votos para el PRI; sólo 16 por ciento respondió de manera afirmativa. La segunda parte de los entrevistados veía en Procampo una alternativa para incrementar la producción en el campo y mejorar sus niveles de vida” .

(Op. Cit, p. 711).

Obsesionado con la legitimidad no adquirida en las urnas, Salinas y su equipo iniciaron con el discreto autoengaño de las encuestas. Eran instrumentos de control político interno, pero también de maquillaje del consenso.

A finales del 93, antes del levantamiento zapatista en Chiapas, empresas como Gallup destacaron que Salinas era uno de los mandatarios con mayor índice de aceptación en México. La expectativa de arribar al primer mundo con el TLCAN estaba respaldada en estudios de opinión pública que respondían a las necesidades del narcicismo gubernamental del momento.

Todo cambió con las sucesivas crisis de 1994. La guerrilla ciber-zapatisa, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el atropellado relevo de Ernesto Zedillo como candidato presidencial del PRI, la sospechosa “desaparición temporal” de Diego Fernández de Cevallos (precisamente el aspirante presidencial del PAN que encabezaba las preferencias electorales en las encuestas), el crimen de José Francisco Ruiz Massieu (secretario general del PRI) y la debacle económica en diciembre del mismo año, hicieron talco los sondeos favorables al salinismo.

La modernidad y el sueño de Salinas de transformarse en el nuevo Jefe Máximo de la nueva era priista se vinieron abajo. A diez años de distancia, en 2004, Salinas era el ex presidente de la República más repudiado en la historia.

Su sucesor, Ernesto Zedillo, no comió lumbre. Se montó en la ola de desengaño y furia contra Salinas para sobrevivir él mismo. Zedillo aplicó con mayor ortodoxia el modelo económico privatizador y restrictivo que heredó de Salinas. La crisis financiera fue el telón de fondo para el triunfo de los tecnócratas.
A cambio, Zedillo impulsó sin mucha convicción la apertura del sistema político. La reforma electoral de 1996 consolidó la transformación del modelo electoral mexicano. Comenzó la era de las elecciones competidas. Y los partidos y sus candidatos entendieron que para ganar en las urnas había antes que ganar en las pantallas televisivas.

Vicente Fox se montó en esa ola. Fue el candidato adorado por las encuestas en las elecciones del 2000. Su promesa de “cambio” y de monosílabos (“hoy, hoy, hoy”, “ya, ya, ya”) le dieron popularidad y lo llevaron hasta la presidencia de la República.

La alternancia por la vía de una derecha empresarial, proveniente de trasnacionales como la Coca Cola, le dieron un giro fundamental a los estudios de opinión. Los politólogos fueron desplazados por los mercadólogos. El marketing político se transformó en la nueva Biblia de los candidatos. No sólo del PAN o del PRI. La izquierda también se sumó a esta nueva ola.

De 2000 a la fecha, las encuestas dejaron de ser mediciones de las contiendas políticas para transformarse en parte central de esa disputa. Encuestas sin pantalla y candidato sin encuestas se volvieron símbolos de pobreza mercadológica y electoral. Lo “competitivo” fue sinónimo ahora de alto rating en las encuestas.

El negocio proliferó desde 2003 y alcanzó un grado máximo en 2006. Seis años después, la segunda ola de la alternancia, con el retorno del PRI a la presidencia de la República se construyó con mucho marketing político y poca o nula ciencia política.

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5 Respuestas a “Peña Nieto, el Gran Montaje: El discreto autoengaño de las encuestas (Segunda Parte)

  1. Necesitamos detener el engano de multiples autopsy vendidos :-(

  2. ahora me doy cuenta que no se neceita se inteligente para ser presidente asi te pueden usar de tapete de entrada asi todos pueden entrar a llevarse lo que quieran? cuando ya n o tengan que vender a lo mejor van a vender a los mexicanos de escalavos. ups

  3. hay mi México, como fuiste a caer :(

  4. el envase vacio

    Peña Nieto es quizas por mucho el presidente más vacio del México moderno………… Tiene un excelente envase pero sin contenido

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