“En Europa soy un pigmeo y en España sólo el enano más crecido”, dijo con un dejo de modestia forzada Jesús de Polanco, el entonces consejero delegado del Grupo Promotora de Información SA (Prisa), a los investigadores Eirc Frattini y Yolanda Colíes, autores de Tiburones de la Comunicación.
A mediados de los años noventa, los investigadores ya perfilaban a este empresario de origen cantábrico como un magnate dispuesto a aplicar su fórmula de éxito mediático hacia los territorios latinoamericanos. La fórmula parecía sencilla: aliarse a la nueva élite y política empresarial en ascenso, al tiempo que daba una imagen de defensor de la nueva cultura socialdemócrata.








