Elena Poniatowska
- Monsi, ya destruiste los brazos del sillón.
–Vais, si sales a la calle de nuevo, juro que no vuelvo a abrirte la puerta.
–Monsi, o entras o sales. No tengo todo el tiempo de la vida.
–Vais, rompiste las ramas más tiernas del limonero.
Monsi es un gato del género masculino, vestido de smoking.
Vais, atigrada, es mujer y es más bonita que Monsi, pero pesa menos, es clandestina, tiene una vida secreta, desaparece sin avisar y la primera vez que la busqué en la plaza de San Sebastián, en Chimalistac, grité por encima de las bardas, subí al campanario y por fin al tercer día regresó tan campante.
–¿Por qué me haces eso?
Monsi y Vais eran tan pequeños que cabían uno en la mano derecha, otra en la izquierda. Una guajolota enojada se disponía a sacarles los ojos en un corral de Tomatlán y los rescaté para traerlos a San Sebastián. Ahora padezco a los dos gatitos como padecí a Monsiváis, porque amarlo era padecerlo.
–Al rato te hablo.
–Marco tu número dentro de 10 minutos.
–Llámame tú el sábado.
–Voy a salir, te busco en la noche.










¡Hasta la victoria MONSIempre!